"Muero por nacionalista vasco, porque amo con pasión a este desgraciado pueblo. Espero en la bondad de Dios que algún día se logre lo que este pobre hijo ansió ver en sus días. Vascos, carne de mi carne, sangre de mi sangre; Euzkadi tiene que ser eterna; pero nosotros para ella y la patria para Dios. En la noche de mi fusilamiento: ¡Cristo, tened piedad de mí!".
Una bala franquista mató a la máquina de escribir, asesinó a la poesía, censuró de por vida la información, pero no consiguió borrar con sangre los dibujos de Esteban Urkiaga. El disparo silbó en el amanecer del 25 de junio de 1937, justo setenta y cinco calendarios atrás. Esa madrugada, mataron en el cementerio de Santa Isabel de Gasteiz al hombre, sin embargo, quedó inmortal su seudónimo dado a conocer a los cuatro vientos como Lauaxeta.
El GOAZ Museum de Bilbao atesora las últimas palabras escritas, las rúbricas de un hombre adelantado a su tiempo, en su celda: las de aquel Esteban, natural de Laukiz, las del artista Lauaxeta. Gracias a la Fundación Sabino Arana uno puede detener el tiempo en aquellas horas previas al paredón y palpar sus notas de despedida en lapicero rojo, en negro, sobre una pequeña cuartilla que tuvo que dividir entre familia y amigos, sobre el cartón de una cajetilla de tabaco. Para quien manosea aquel presente de hace 75 años, se le pone un nudo en la garganta. ![]()
Urkiaga careció de espacio para escribir sus emociones finales, para concluir su Testamento, para pedir a terceros que besen de su parte a su madre "en la frente"… El papel, como la comida en la época, le fue racionado, aunque menor fue el tiempo que le quedaba de vida. Eso sí, mantuvo el alma de gudari que fue y, sobre todo, el espíritu de sus tiempos de seminarista: Dios estaba en todos sus escritos omnipresente. La publicación Alderdi, del PNV, fue más allá al publicar su fusilamiento: "Este es el nuevo código de la Nueva España: Lauaxeta, fusilado por los propios cristianos". Horas después de aquellas epístolas de muerte anunciada, el franquista de turno tuvo más valor que el intelectual al atreverse a dejar para la historia que el vizcaino había muerto "de accidente", según el acta de enterramiento. Y las sorpresas se suceden según más se investiga en el museo. El escritor, poeta, periodista, el aficionado al dibujo… fue denunciado por un personaje de nombre Ángel y de apellido Caballero, un señor que no fue ni lo primero ni lo segundo: sí era sacerdote corazonista.
Aquel treintañero comprometido con el euskera y Euskadi había sido detenido -según unas fuentes el 30 de abril; según otras el 1 de mayo de 1937- en Gernika-Lumo. Ocurrió días después del sanguinario, incendiario y fascista bombardeo alemán, italiano y español sobre la villa foral. Esteban acompañaba a un periodista francés por las ruinas del pueblo que Pablo Picasso retrató al mundo. Era el mismo escenario que visitó el también corresponsal, George L. Steer, de quien es biógrafo personal oficial el prestigioso comunicador británico Nick Rankin (Yorkshire, 1950). "Conozco muy poco de Lauaxeta, poco más que la película A los cuatro vientos, de Zorrilla. Estimo que fue un buen poeta, sin embargo tuvo mala suerte en ser capturado en Gernika. Pero la vida es así: la guerra es un juego de azar mortal. RIP", teclea para DEIA quien dirigiera la sección de Arte de la cadena de televisión BBC.
La guerra que cita Rankin le situó a Lauaxeta a sus tempranos 32 años dispuesto a morir. En la celda, puso en orden mental su caos final. Bajo el título ¡Viva Jesús! Mi testamento, quien había sido Comandante de Intendencia en el cuartel de gudaris del Colegio de Escolapios de Bilbao y director de la revista Gudari -órgano de Euzko Gudarostea-, manuscribió: "Entrego mi alma a mi creador", en los "últimos días amargos" y tras "perdonar de corazón a todos mis enemigos", fue al grano: "Muero por nacionalista vasco, porque amo con pasión a este desgraciado pueblo. Espero en la bondad de Dios que algún día se logre lo que este pobre hijo ansió ver en sus días. Vascos, carne de mi carne, sangre de mi sangre; Euzkadi tiene que ser eterna; pero nosotros para ella y la patria para Dios. En la noche de mi fusilamiento: ¡Cristo, tened piedad de mí!".
En sus últimos papeles, escribe al presidente del BBB de la época. "Pocas horas me quedan de vida y ante Cristo, mi esperanza, quiero juraros obediencia y proclamar mi fe en Euzkadi. Nuestro pueblo es amado y por eso sufre tantos males". La correspondencia para sus "queridos padres y hermanos" es concisa. Pide a Dios que les consuele. "Voy al cielo y allí os espero", agrega. "Padre, sé el amparo de todos; Madre, enséñale el camino del cielo. Que nunca falte de casa la cruz, la Virgen María y la bandera de Euzkadi. Os beso con ternura. Gora Euzkadi Askatuta, vuestro Esteban". Lauxeta se despide de amigos como Julio Pagaldai a quien remite carta al caserío Echevarrieta de Durango. "Muero por la patria y perdono a mis enemigos (frase esta muy común por los fusilados que dejaban cartas, quizás, obligados a escribirlo por los franquistas). Tienes que casarte y ponerle mi nombre a tu hijo. Visita a mi madre y bésala de mi parte", mensaje que también envió a Iñaki de Garamendi. En plegarias o en textos como Azken Oyua hizo uso del euskera. "Josuren fedea besterik eztaukot!", apuntaba o "Agur Euzkadi, Jaunak naroa aberri eder argira". El sacerdote que presenció la ejecución concluyó: "Habéis matado a un ángel".
Aitortu behar dizuet. Hunkituta nago, dar-dar ditut gorputza eta arima. Aurrez-aurre ditugun harresi hauek, gizaki batek bere doilorkerian egin dezaken ankerkeriarik handienaren lekuko dira. Harri hauek, nahigabe bada ere, errugabeek itsukeria eta basakeriagatik isuritako odolaren historia gordetzen dute.
Hementxe bertan, bizitza proiektu bikainak eten ziren, gizaki batzuen ergelkeriak jaurtikitako tiroz josita. Hementxe geratu ziren gerra ankerrak errotik erauzitako ilusioak, bizitzaz jantzitako gazteak. Gurutzada santuz mozorrotu zuten izuaren biktima izan ziren. Bere garaipen-bidean, etsipena, sufrimendua eta makaltasuna baino ez zuten utzi.
Gaur, aurton, Euskadi-ra etorri zireneko urteurrena gogoratzen dugu. 75 urte igaro dira bonba, herio, errepresalia eta makurrarazte hartatik.
Gogoan dugu tragedia hura baina inongo gorrotorik gabe. Harrotasuna sentitzen dugu, bortizkeria eta basakeriaren aurrean, duintasuna eta burua gorenean mantendu zuten emakume eta gizonen belaunaldi haiek gogoratzean.
Eta… oroimen honetara ekarri behar dugu, gure herriaren askatasunaren aitzakiapean odol eta suzko jazarpen terroristaren menpean erori zirenen gogorapena. Horretan ere izan ziren etsipena eta isiltasuna, min jasanezina eta galera berreskura ezinak.
Bai! Asko eta asko sufritu dugu. Gehiegi, esango nuke nik! Baina, Lauaxeta-ren omenez talde moduan egiten dugun omenaldi honen bidez, biktimak gogoratzeaz gain, bakearen lorpena aldarrikatu nahi dugu.
Aurreko urteko urriaren 20-tik aurrera, Herri txiki honetan igaro dugun egun bakoitzak lagundu izan du etorkizun oparoa izango dugulako itxaropena finkatzen; herri honen kezken artean ez dela sekula gehiago bortxakeriarik egongo .
Aske bizi gara orain biktima berriak izango ez ote direlako mehatxurik gabe. Aske gaude orain hurrengo izua nondik etorriko ote zaigun pentsatzeko beharrik gabe. Eta bizipen horrek zerumugak zabaltzen dizkigu, pertsona eta Herri bezala.
Bakearen ongi gorena geureganatu dugu; eta gure eskuan dago balore iraunkor eta finko bilakatzea, ongi horren oinarrian, bizikidetza berria eraiki dezagun.
Laburra izan da orain arte bedeinkapen horretaz gozatu izan dugun aldia. Baina… aise ohitzen gara onera; eta horixe da bakea hain zuzen, gauza on-ona.
Horren aurrean, bortxakeria eta bere ondorio mingarriak betiko amaituak direla pentsatzeko tentaldian eror gaitezke. Egingo dugun bide hori, gure oin-azaletan bide zidor, eroso eta oztoporik gabea bailitzan zabalduko dela pentsa genezake.
Baina… ez! Bortxakeria adierazpenik eza da gatazka oro gainditzeko parte funtsezko eta ezinbestekoa. Eta, jaun-andreok, bakerako egin behar dugun bideak gauza asko ditu oraindik finkatu beharrekoak. Eragindako mina aitortzea, erantzunkizuna lepo-gainean hartu, kalteari zor zaion ordaina, aurkariari aurpegira begiratzea eta aitortzea, ideia guztiak errespetatzea, inposaketari eta gizakiak menderatzeari uko egitea; elkarrizketa, gizakien artean irizpideak elkar trukatzeko tresna bakartzat jotzea; aniztasuna, eta gutxiengo eta gehiengo joko demokratikoa errespetatzea dira, besteak beste, funtsezko erronkak, eraikitzeko bidean dugun Euskadi berria lor dezagun
Estos muros que nos miran son testigo de la mayor crueldad que un ser humano puede desarrollar en su vileza.
Aquí sucumbieron, acribillados por la balas de la estupidez humana, proyectos de vida primorosa. Jóvenes llenos de ilusiones arrancadas de cuajo por una guerra asesina. Víctimas de un horror disfrazado de cruzada sacrosanta que creó desolación, sufrimiento y postración a su paso marcial de victoria.
Hoy, este año, conmemoramos aniversario -75- de su cruel paso por Euskadi. Bombas, muertos, represaliados, humillados, vencidos.
Recordamos aquella tragedia sin odio, sin rencor, como quienes la sufrieron nos enseñaron. Con el orgullo pleno en generaciones de mujeres y hombres que mantuvieron su dignidad frente a la fuerza y la barbarie.
Y…, junto a su memoria…, también debemos traer a nuestro presente, a quienes bajo el pretexto de la libertad de nuestro Pueblo, fueron sometidos, igualmente, a una persecución terrorista de sangre y fuego, de desolación y silencio, de dolor inaguantable y de pérdidas irreparables.
Sí! Hemos sufrido mucho. Demasiado, diría yo. Pero este sencillo acto de reconocimiento individual y colectivo pretende reivindicar, no ya la memoria de las víctimas, sino la paz y su conquista.
Desde el 20 de octubre del pasado año, cada día que pasa en este pequeño País consolida la esperanza de un futuro prometedor, en el que la violencia desaparecerá para siempre de nuestra preocupación colectiva.
Vivimos sin la amenaza de tener que atender a nuevas víctimas. Sin el desconsuelo de sentirnos atenazados por la incertidumbre del terror. Y esa experiencia engrandece nuestros horizontes como personas y como Pueblo.
El Bien superior de la paz está siendo conquistado y en nuestra mano está convertirlo en un valor duradero y sólido sobre el que construir una nueva convivencia.
Es poco el tiempo durante el que hemos podido disfrutar de esta bendición. Pero… a lo bueno, y la paz lo es, nos acostumbramos pronto. Por eso que, en ocasiones, tengamos la tentación de creer que la violencia y sus dolorosas consecuencias pasaron para siempre tiempo atrás… Que la nueva senda por la que transitamos se tenderá a nuestros pies como un camino rápido y cómodo exento de obstáculos.
¡Y no! La ausencia de expresiones de violencia es una parte fundamental de la superación de cualquier conflicto. Pero el camino a la paz verdadera contiene muchos más elementos básicos que consolidar.
Tenemos que seguir dando pedales porque no nos podemos permitir el lujo de quedarnos donde estamos, de pararnos. La paz definitiva solo llegará con la plena normalización en la convivencia.
El reconocimiento del dolor causado, la asunción de la responsabilidad, la reparación del daño, el reconocimiento del adversario, el respeto a todas las ideas, la renuncia a la imposición como elemento mental de dominación, la habilitación del diálogo como única fórmula de contraste entre seres humanos, el respeto a la pluralidad y al ejercicio democrático de mayorías y minorías, son, entre otros, retos fundamentales que deberemos compartir en esta nueva Euskadi en construcción.
Nadie puede negar que vivamos momentos extremadamente convulsos. La brutal crisis que se cierne sobre nosotras y nosotros ha generado en todas las familias de Euskadi un sentimiento de preocupación e incertidumbre que nos paraliza y nos domina.
Cunde entre nosotros un sentir reconocible de pesimismo y desesperanza.
Hay razones objetivas para el desánimo y la ansiedad.
Ante este panorama, parémonos a pensar por un momento en estos muros del cementerio y en la perspectiva que ofrecieron a hombres como Esteban Urkiaga.
Lauaxeta era un joven de apenas 32 años. Poeta con la sensibilidad a flor de piel. Un alma ávida de actividad. Amante de su Pueblo, su cultura, su idioma. Su compromiso con la verdad, y con su país, le llevó a Gernika, apenas unos días después de haber sido arrasada por la aviación alemana. Acompañaba a un periodista francés para dar testimonio de la catástrofe. Allí, en la Villa Foral, fue detenido por el Ejército franquista que lo condujo aquí a Vitoria-Gasteiz donde tras un consejo de guerra sumarísimo fue condenado a muerte.
Pese a sentir la fría presencia de la muerte en su celda, el joven Lauaxeta tuvo el valor de escribir sus últimos versos, dedicados a Dios y a su Patria, a Euskadi.
“Agur, Euzkadi, Jaunak naroa
Aberri eder argira.
Neure negarrak jarin neuzan
Zeure mendiai begira”.
Momentos duros, intensos, dramáticos.
En el amanecer del 25 de junio de 1937, en el cementerio de Santa Isabel, – aquí mismo- era ejecutado.
Lauaxeta nos dejaba su literatura y su ejemplo sereno. “Démoslo todo por la libertad bien amada” – “Dana emon biyar yako maite dan askatasunari”.
Él era un hombre curtido en valores. El de la libertad, la solidaridad, el sacrificio, la creatividad y el amor a Euskadi.
Fue fusilado pero aquellas balas no acabaron con él.
Porque Lauaxeta tenía fe. Creía intensamente en Euskadi. Y ese sentimiento le hizo indestructible a ojos del Pueblo Vasco.
Hoy, 75 años después de su inmolación, su espíritu sigue vivo.
Vivimos también hoy momentos difíciles. Nada comparables con aquellos pero, asimismo, repletos de desasosiego. Tengamos la fe de Lauxeta. Porque saldremos adelante.
Es hora de recuperar el pulso.Volvamos a creer en Euskadi. En la Euskadi de verdad. En la Euskadi de los valores de siempre que nosotras y nosotros hemos creído. La Euskadi de la confianza, del esfuerzo, del ingenio, del sacrificio, de la superación. Volvamos a creer en nosotros mismos. Volvamos a creer en Euskadi.
Iñigo Urkullu, gaur Lauaxetaren erahilketaren lekuan, bere oroimenez
Goian Bego
Sit Tibi Terra Levis