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Archive for 12/05/21

Seguramente se diga que hay una saturación de temas relativos al pasado y que este debe quedar en lo que ya se superó. Pero a la misma vera, sobre el mismo renque, se sitúa la necesidad de aportar una nueva visión respecto a las víctimas de la guerra civil y del franquismo, lo cual queda, históricamente hablando, aún más atrás, y el principio debe ser válido antes incluso que el contenido. Por fin, después de que “Choque de trenes” no pudiera ver la luz, por razones diversas, que no vienen al caso, ha podido verse la publicación de este “País de Banderizos”, con la elaboración de conversaciones en el año 2018, el año formal de la disolución del cártel terrorista marxista leninista y vasco, como fue la ETA. Y aporta una visión propia, tal vez novedosa, y sin duda alguna necesaria, si no fuera, además, ni más ni menos que la explicación y aportación personal de una persona que se acercó al fenómeno en un determinado momento. Sufrió el extrañamiento, tanto personal como, digamos, “profesional”, y explica un modo de sentir y vivir en un tracto vital complejo y necesario para complementar la aproximación histórica a estos hechos vividos y sufridos en Euzkadi.

Joxemi Latasa procura ir atrás en sus vivencias sin ira, pero con la amplitud de miras suficiente como para explicar sin ambajes su propia infancia y juventud, poniendo de relieve el magma donde se cría el cultivo que permite el acercamiento al fenómeno terrorista organizado, en el caballo desbocado del momento del tránsito de una dictadura totalitaria que, formalmente, daba sus últimas bocanadas, a algo más aseado, transición mediante. No es ni el libro, no es el momento ni el lugar, para explicar las profundas visicitudes y vericuetos donde explorar esa década de los años 70, sobre la realidad respecto a esa tan manida transición, que queda en trasfondo que explica el fresco donde se sitúa un jóven Joxemi que entra en contacto con los movimientos sociales en su primer trabajo en una fábrica. Son elementos que lanzan al personaje hacia adelante en lo que cree correcto, bajo su punto de vista, en el momento y en el lugar donde se encuentra. Sin vocación de justificarse, sino de explicarse, y eso es vital, porque sólo el protagonista puede verificar su propio sentimiento y pensamiento en los diferentes puntos clave de su propia realidad, y así procura hacerlo en este libro.

Joxemi participó en los grupos, en los comandos, de ETA, y tuvo su ración de violencia, fuera de su gusto o no, y ello se trasluce, sin recrearse en los detalles morbosos y macabros. Quien quiera casquería, pierda toda esperanza. Procura meter humanidad. Y porqué no decirlo, también en su detención y paso por la cárcel. Los sucesos en estos grupos donde cada detalle importa, porque puede ser el fiel de la balanza para poder seguir adelante o caer en una redada, o volar por los aires en un artefacto defectuoso, o con mayor carga que la prevista, el autor residente de las vivencias pudo visitar y revisitar su propia memoria. En todos y cada uno de los puntos clave pudo repensar las circunstancias y destilar, sintetizar, una serie de conclusiones, que le apartaron de ser doblemente preso, como es haber sido preso por haber sido detenido, y preso de los largos tentáculos de la cúpula, bien situada en el exterior. Y que fue el caldo de cultivo para que los propios presos pidieran, en su momento, la política del palo y la zanahoria de la dispersión. Sólo que, poco después, los gobiernos españoles, decidieron quitar esa zanahoria por motivos partidistas desde el pensamiento madrileñocéntrico. Pero como hace Joxemi, la historia ha de poder contarse entera, para poder ser una memoria digna de tal nombre.

Fermín, el alias, salió de escena, volviendo Joxemi, que tuvo un juego de espejos donde nada era realmente lo que parecía. Tener una vida pública y otra privada. Tras entrar en la cárcel sufrió lo que hacen a los que piensan y lo transmiten sin filtros en una organización muy controladora de todo lo que se pudiera mover, como suele ser habitual en aquellas que son dogmáticas, basadas en lo más parecido a un movimiento sectario, aunque laico. Incluyendo las amenazas de muerte, que fueran ejecutadas en el caso de Yoyes, de su misma Ordizia natal, pero que en el caso de este muchacho, ha podido librarse, por más que formalmente sigan encima de la mesa, incluso después de la disolución y desaparición. Por eso es imprescindible darle una oportunidad al relato que nos trae “País de Banderizos”, aproximarse al libro, leerlo, reflexionar, y poder acompañar este punto de vista a lo que creemos saber. Por lo tanto, es de justicia no solo leerlo, sino, porqué no, si Amazon le ha dado una oportunidad al libro de Sanchez Corbí y Netflix le ha dado una serie a la Patria de Fernando Aranburu, sería realmente ineludible, y se puede imaginar con sólo leer este relato, ver un producto audiovisual a caballo entre el documental y la serie, para este producto. Quien se anime, la sociedad seguro que lo agradecerá con visionados y con difusión. Ese sería el reto. Sólo resta agradecer al editor que ha publicado el libro, este choque de trenes versión dos punto cero, que nos pone encima de la mesa este relato imprescindible de una parte aún no conocida de los que vivieron en primera persona el proceso de acercamiento primero, y desapego después, del fenómeno de la violencia. Testimonio para que sepamos porqué esto no debe volver a ser pensado o intentado por cualesquiera generación de vascos del futuro. Eskerrik asko, agur bero bat beti jelpean.

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