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Eran otros tiempos, ella todavía estaba en capullo, y compartía vehementemente las tesis de los “sociatas” y sus hijos pródigos venidos de Euskadiko Ezkerra. Entonces no era tan tiquis – miquis y compartía vida e ideario con elementos tan peculiares como los conocidos “ramborenea, el sociolisto felipe, el silente zikin benegas, (al que se le recuerda enarbolando la pancarta de “Apala askatu”); los galosos Vera, Auzoberri, Sancristobal, los mangantes navarros: Urralburus, Otanos, etc.; los terroristas: Onaindias, Uriartes, etc”.

Ella por ser calladita y obediente ascendió a consejera del gobierno de las vascongadas y compartió mesa y mantel con los perversos nacionalistas que quieren la división de España, fue el pajarito loco de aquél “ven y cuéntalo”. Al toque de corneta con aquella excusa constitucionalista salió entre lágrimas de aquel lugar donde más realizada se encontró, (yo creo que desde entonces no les perdonó a sus compañeros y de ahí su huida del socialismo tras ser extremadamente lacerante con ellos aprovechando su carta de eurodiputada para apoyar las tesis del PP en contra del PSOE, aunque no se ha atrevido como la chica de Getxo a pedir el voto).

Se le recuerda por sus peinados llenos de coloridos y su verborrea revuelta sin llegar a un sentido claro, sus apariciones sonadas y su intención de ubicuidad, pero también por su desprecio al Euskera, ya que jamás se le recordará por hacer un esfuerzo por aprenderlo y ni tan siquiera por hablarlo en la intimidad.

Ahora se prodiga en las tertulias, una vez que ha sido elegida congresista, por ser el látigo del nacionalismo, el terrorismo y el euskera:

  • Los nacionalistas quieren dividir España, están haciendo concesiones a los secesionistas, intentan robar Navarra, son colaboradores de los terroristas con la aquiescencia del PSOE, hay que hacer un gran pacto de estado para evitar todo esto.
  • A los terroristas ni agua y para ello ni hablar con nadie que huela a izquierda abertzale radical (ya me dirá como se resuelve esto si no se habla con los que nos hacen la vida imposible), pero claro está, en otros tiempos no solo hablaba, sino que compartía mesa y mantel con ellos.
  • El euskera no sirve, es una lengua muerta. Alagada hasta la saciedad por el mediático “pedrojota y su mundo” se ha convertido en la abanderada de todos aquellos que sólo quieren que sus hijos hablen español y a lo sumo inglés, apoya a los padres que quieren que sus hijos estudien en español, pero no confundamos: Lo que en realidad buscan es que ningún niño tenga como base en el colegio el euskera, que no estudien nada en “vasco”, que esta lengua se utilice como modelo “A”, o lo que es lo mismo que lo hable la gente en la intimidad, como Aznar el catalán. Por ello se está haciendo adalid de todos aquellos que en Euskal Herria luchan en contra de nuestra lengua. Habrá que recordarle que todavía no se conoce a ningún joven que habiendo estudiado en Euskera no hable correctamente el Español y es más, se defienda en Inglés y/o Francés – según las zonas –. Por lo visto para esta nueva congresista es mejor el bilingüismo (a lo máximo) que el posible trilingüismo que se da en nuestro País.

Pues nada Rosa, al toro, el botijo y las castañuelas que eso es muy español y de paso dedícate a esa tarea tan social como la de amparar a las zonas deprimidas, (que hay unas cuantas en España) que para ello fardas tanto de ser una auténtica socialista y aprovecha el viaje y te llevas a tu gran amiga Gotzone

José Miguel Beñaran Ordeñana

Autobiografía política

PRESENTACION A LA 1ra EDICION ELECTRONICA POR LA RED VASCA ROJA Autobiografía política de José Miguel Beñaran Ordeñana (“Argala”) incluye un relato de los avatares de ETA en los años sesenta y primeros setenta y su decisiva aportación teórica sobre la integración en una sola de las luchas por la independencia de Euskal Herria y por la revolución socialista. Apareció por primera vez en 1977 impreso en francés el muy importante texto al que, para su edición electrónica, la RED VASCA ROJA ha dado el título que figura más arriba. Lo hizo como el prólogo de la obra de Jokin Apalategi titulada Nationalisme et question nationale au Pays Basque 1830-1976. PNV, ETA, ENBATA. Editada por ELKAR en Bayona. El 1 de diciembre de 1978 Jokin Apalategi firma en Biarritz su propio prólogo a la traducción castellana de su obra explicando que ha añadido dos capítulos y que ha cambiado el nombre. Esa traducción castellana aparece impresa en 1979 con el título Los vascos de la nación al Estado. P.N.V., E.T.A, ENBATA. Editada también por ELKAR, en la portada se anuncia Prólogo José Miguel Beñaran Ordeñana. Ese prólogo es el texto que aquí transcribimos. ARGALA murió siendo miembro de la dirección de ETA. Lo hizo el 21 de diciembre de 1978 en Anglet, cerca de Bayona, en la explosión de una bomba colocada en su coche por mercenarios contratados y pagados por la Presidencia del Gobierno de España (Servicio Central de Documentación, SECED, creado por el almirante Carrero Blanco). Mercenarios dirigidos por Jean Pierre Cherid, pieza clave en las distintas organizaciones que el Gobierno de España ha utilizado en su “guerra sucia” contra Euskal Herria, desde el Batallón Vasco Español (BVE) a los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). ARGALA era objetivo prioritario marcado a los mercenarios por sus jefes españoles por su papel dirigente en ETA y en venganza por haber sido quien accionó la carga explosiva que el 20 de diciembre de 1973 voló por los aires al almirante Carrero Blanco, entonces Presidente del Gobierno de España. ARGALA, siguiendo la mejor tradición marxista, fue un teórico clave para ETA y para todo el Movimiento de Liberación Nacional Vasco precisamente porque fue un militante y dirigente clave en la práctica revolucionaria. En un mensaje grabado dos días antes de su muerte para las Gestoras Pro Amnistía de su Arrigorriaga natal ARGALA decía: “Se grita ETA HERRIA ZUREKIN (ETA, el pueblo –está- contigo) y yo no creo que ese hrito sea negativo en la medida en que con ello no se trate de que ETA solucione los problemas de todos. Que evidentemente no puede solucionarlos. Este grito es positivo en tanto que sirve para que los militantes de ETA vean que gran parte del pueblo está con ella y comparte sus objetivos, que no están solos. Pero ni ETA ni Herri Batasuna ni KAS ni ninguna organización por grande que sea puede resolver los problemas de la clase trabajadora vasca. Únicamente el pueblo trabajador vasco puede solucionar sus problemas. Por eso yo creo que debemos organizarnos… Sólo un pueblo organizado puede conseguir los objetivos a los que aspira” –  La RED VASCA ROJA  

Prólogo al libro de Jokin Apalategi:
Nationalisme et question nationale au Pays Basque, 1830-1976

Cuando se me ha invitado a presentar este libro, consistente en un análisis teórico acerca del nacionalismo vasco, su concepción a través de la historia por las diferentes clases sociales existentes en Euskadi, su relación con el internacionalismo en la conciencia de la clase obrera, me ha parecido lo más indicado no hacer una presentación crítica –cada lector hará sin duda la suya–, sino un breve relato de mi experiencia política personal; de mi toma de contacto con la problemática nacional vasca y con la más especifica de la clase de nuestro país, el desarrollo de esa conciencia inicial a través de mi actividad política como militante de ETA en Euskadi peninsular y posteriormente como refugiado vasco en Euskadi continental.

Tratando de evitar que el objetivo de este relato pueda ser mal interpretado, debo aclarar que, desde luego, no consiste en dar a conocer mi biografía, sino tratar de aportar al lector un elemento de juicio vivencial –ni más valido, ni menos que el de cualquier otro vasco– en un intento de enriquecer con datos de la experiencia el trabajo teórico realizado por Jokin Apalategi.

Tampoco pretendo en modo alguno que mi experiencia personal sea susceptible de extensión a otras personas, por mucho que su evolución se haya podido producir en los mismos cauces organizativos. Por otra parte, considero que la experiencia sólo es racionalizable cuando se ha situado ya a cierta distancia en el pasado –e incluso en este caso su explicación puede ser diferente según el momento de la vida desde el que se la observa– con lo que su recuperación para el análisis adolecerá de la incapacidad para recoger determinadas circunstancias y elementos causales que se perdieran en el olvido sin tomar conciencia de ellos.

Nací en Arrigorriaga en 1949. Arrigorriaga –cuando yo residía en ella– era una localidad con una población que calculo en 8.000 habitantes, de los que una buena parte son inmigrantes de diferentes regiones y pueblos del Estado español. Próxima a la zona euskaldun del valle de Arratia, giraba no obstante exclusivamente en la órbita de la industriosa y comercial villa de Bilbao y sus alrededores, fuertemente integrada de emigrantes, por ésta y otras razones históricas, de habla casi totalmente castellana. Debido a ello, Arrigorriaga, fundamentalmente, era también de lengua castellana. El euskara era, hasta hace unos doce años, un idioma en vías de desaparición; conocido casi exclusivamente por el reducidísimo sector de los baserritarras, probablemente lo utilizaban en sus hogares, pero, por lo menos los jóvenes, se avergonzaban de hablarlo fuera de ellos., El conocimiento del euskara era, pues, más una causa de complejo de inferioridad que una razón para la afirmación nacional como pueblo diferenciado.

Mi padre, nacido en la misma localidad, era de origen obrero; trabajador desde la infancia y durante mis primeros seis años de vida trabajador y copropietario, junto con sus hermanos, de un pequeño negocio de carpintería que utilizaba un solo asalariado, quien, frecuentemente, fuera de horas de trabajo convivía con ellos en régimen familiar.Mi padre, hijo de euskaldunes, desconocía por completo el euskara. Mi madre, de origen baserritarra, se vio obligada, también desde niña, a acudir a las grandes villas a ofrecer sus servicios como “femme de menage”, trabajo que realizó hasta su matrimonio. Vasco-parlante, no sé si por necesidades de convivencia con mi padre y su familia –todos habitaban una sola vivienda– o por un complejo de inferioridad muy extendido por aquel tiempo entre los vasco-parlantes –probablemente por ambas razones–, utilizaba en casa únicamente el castellano, por lo que hasta fechas recientes he desconocido el euskara.

Siendo niño aún, fortuitamente –mediante la lotería–, mi padre consiguió cierta cantidad de dinero, suficiente como para iniciar por su cuenta la construcción de viviendas, convirtiéndose de este modo en pequeño industrial de la construcción, nivel social en el que habría de permanecer hasta el día de su muerte.

Un factor fundamental durante mucho tiempo en mi educación seria la enseñanza recibida en la escuela. Estudiaba con admiración las hazañas de los conquistadores españoles y las llamadas cruzadas, considerando la perdida del imperio español como el lamentable resultado de un cúmulo de injusticias históricas realizadas por otras naciones como Inglaterra o Francia. José Antonio Primo de Rivera –fundador de la Falange– era considerado por mí como héroe nacional, y los rojos, como se denominaba en los libros de historia a todos los enemigos del franquismo, una horda de ateos, violadores y asesinos.

La cuestión nacional vasca jamas llegué a planteármela en la infancia de un modo positivo, si bien la conocía por mi padre y sus audiciones nocturnas de una emisora de radio prohibida cuyas emisiones quedaban semiahogadas en una mar de ruidos y pitidos que las convertían casi en ininteligibles.

Mi padre era patriota vasco, simpatizante del P.N.V., y yo patriota español y partidario de Franco por la paz que, tras los años de “revueltas y quemas de conventos”, nos había dado a “todos los españoles”. Debido a ello los enfrentamientos en casa se producían con relativa facilidad y, si jamás llegué a ser castigado a causa de ellos, fue simplemente gracias a que mi padre comprendía que discutía con un niño al que mejor que reprender era dejar crecer y madurar.

También mi familia paterna y sus relaciones –que constituía mi medio ambiente– eran casi en su totalidad nacionalistas vascos. Con frecuencia podría sentir ese extraño ambiente de conversaciones en la intimidad de los hogares, en los que se citaban los nombres de Sabino Arana, fundador del P.N.V., y José Antonio Aguirre, en aquel entonces presidente del Gobierno Vasco en el exilio. Pero todo esto, que sin darme cuenta iba impregnando mi subconsciente, era incapaz de combatir la enseñanza escolar, e incluso de plantearme problemas a los que de cualquier modo era aún poco sensible por mi corta edad.

De lo que, en cambio, guardo una viva sensación es de la imposibilidad para relacionarme con mi abuela materna. Ella apenas hablaba castellano y yo no conocía el euskara por lo que nuestras conversaciones jamás superaban de un breve intercambio de palabras sueltas. Habría de morir sin que llegásemos a tener una autentica conversación. Recuero también que cuando íbamos a visitarla, mi madre hablaba en euskara con su familia sin que yo llegase a comprender nada. Todo ello me hacía sentirme disminuido en el ambiente de aquellas esporádicas visitas, que más tarde comprendería era el de una gran parte de mi pueblo, la más auténtica.

Por otra parte, mi padre, a pesar de su nacionalismo sabiniano, era un ferviente admirador de la organización social de la U.R.S.S. y del comunismo en general, aunque quizá entendido de un modo un tanto particular, Esto hizo que los términos socialismo y comunismo, una vez liberado del lastre educativo recibida en la escuela, me resultaran una opción social más positiva que otras, a diferencia de la herencia anticomunista que demasiados vascos de todas las capas sociales han recibido del nacionalismo tradicional. La dificultad para acercarme a ellos se situaba en el terreno ideológico, pues era decididamente religioso.

Los amigos de mi padre eran obreros y mis amigos hijos de obreros, por lo que ése ha sido el ambiente social en que me he desarrollado; aunque hasta la adolescencia no haya estado capacitado para conocer la división de la sociedad en clases sociales. Tampoco serían estas relaciones las que me inclinasen a posicionarme con la clase obrera y optar por el modelo social marxista. Creo que mi evolución en este sentido se produjo en dos etapas.

La primera, caracterizada por tres elementos. negación del individualismo pequeño-burgués, condena de la explotación capitalista y correspondiente afirmación obrerista y visión idealista de inspiración religiosa de la sociedad.

Recuerdo como una vivencia continuada las preocupaciones económicas de mi padre en el desarrollo de su empresa. Para comenzar la construcción de un edificio, dependía siempre de la venta de los locales del anteriormente construido y de los créditos bancarios. Le recuerdo muchas veces solo en su despacho, preocupado hasta la angustia, cuyo contagio no podía yo evitar. Pronto comprendí que aquella competencia, aquella ley de la selva que rige las relaciones sociales entre empresarios, no podía aportar un mínimo de felicidad social –entendiendo la felicidad como yo la entiendo, lógicamente–; que era mejor colectivizar la propiedad para que los beneficios y las preocupaciones fueran de todos. Era tan fuerte en mí esta vivencia que no recuerdo haber deseado nunca continuar los negocios de mi padre a pesar de los beneficios que indudablemente reportaban. Quizá también yo era de animo débil, pues otros en situación semejante lo han hecho.

Desde que tengo uso de razón –es un decir– he tenido ocasión de contemplar la explotación de la clase obrera, aunque sin comprenderla como tal durante mucho tiempo. He visto trabajadores –vecinos míos– que tras una jornada laboral normal se veían obligados a “meter horas” en la construcción de mi padre u otras, y todo ello únicamente para alcanzar a sobrevivir junto con sus familias: Hacia los diecisiete años ingresé en una organización católica, denominada Legión de María, uno de cuyos objetivos era bucear en la miseria social para consolar a quienes se veían obligados a padecerla. A través de mi participación en ella, conocí lo que creía no existía en nuestro país, pero aún desconocía los motivos del sufrimiento que veía; lo que progresivamente se me fue haciendo evidente es que el consuelo no quita el hambre ni las enfermedades. Únicamente con las luchas obreras que en mitad de la década de los sesenta se produjeron en mi zona, y especialmente con la huelga de Bandas y la represión desatada durante el “estado de excepción” consiguiente, y la lectura de novelas sobre el tema del sacerdocio obrero llegué a la comprensión de la división social en clases con intereses opuestos.

Ya comprendía el problema, pero no conocía aún posibles soluciones válidas para resolverlos. Se me escapaba el carácter antagónico del enfrentamiento burguesía-proletariado, y en general toda la racionalización de la problemática social. Mi visión era puramente vivencial y su interpretación idealista. Debía estar con el que sufría y ayudarles, debía hacer algo por mejorar las condiciones de vida de los trabajadores, pero no alcanzaba a comprender la existencia de un modo de producción capitalista que causaba la explotación de la case obrera y la represión contra ella. Recuero que, por ejemplo, para sensibilizar frente a la guerra del Vietnam, poníamos en la puerta de la iglesia parroquial fotografías de niños muertos por las bombas. Pero lo que ni yo ni mis compañeros de aquel entonces comprendíamos con todas sus consecuencias, era que la guerra del Vietnam no era un mal en sí mismo, sino producido por el imperialismo americano en su lucha contra las justas aspiraciones de liberación nacional y social del pueblo vietnamita; y que la única solución posible estribaba en la derrota de las tropas norteamericanas en aquel territorio.

Sería poco más tarde, en una segunda etapa, cuando habría de sufrir una profunda transformación ideológica que me permitiese colocar en su lugar cada elemento del rompecabezas, Aficionado al estudio y necesitado de racionalizar mis experiencias, de comprender el por qué de las cosas, mi concepción religiosa de la vida, del hombre y de sus relaciones sociales entró en crisis, debido a que no me era suficiente para explicar ninguno de los problemas que se me planteaban. Comencé a estudiar la teoría marxista.

Ya para entonces se oía hablar de una nueva organización política patriótica y socialista que luchaba por la independencia de Euskadi, era E.T.A. Surgían las Ikastolas y aparecían jóvenes que cantaban en euskara. La cuestión vasca brotaba a la luz con toda su problemática. Nuestro pueblo, casi aniquilado, resurgía y su resurgir se dejó sentir también en Arrigorriaga. Comenzaron las clases nocturnas de euskara para adultos y los vasco-parlantes comenzaron a superar su complejo para mostrarse orgullosos de hablar el euskara.

Como resultado de ambos factores –estudio del marxismo y resurgir nacional vasco–, tomé conciencia clara de la existencia de Euskadi como nación diferenciada, integrada por siete regiones separadas por las armas de los Estados opresores, español y francés; de la división de la sociedad en clases enfrentadas por interés irreconciliables; de que Euskadi misma no era una excepción en este sentido, comprendí lo que fue la “evangelización de América” por los españoles y lo que fueron “las cruzadas”, lo que fueron “los rojos” y el “glorioso alzamiento nacional”; que no se trata de que los ricos ayuden a los pobres, ni únicamente de que se aumenten los salarios de la clase obrera, sino de socializar los medios de producción; que para lograr la solidaridad social es precisa una profunda revolución cultural, y que para ello, no basta con la buena voluntad, sino que es precisa una transformación del modo de producción capitalista actualmente dominante por otro socialista; que para ello es preciso que la clase obrera obtenga el poder político; que un aparato de Estado no es neutral y que esto obliga a la clase obrera a destruir el Estado burgués para crear otro propio, que la burguesía recurre a las armas cuando ve en peligro sus privilegios, lo que induce a pensar que si la clase obrera no se plantea el problema en términos semejantes, tendremos ocasión de presenciar muchas matanzas y pocas revoluciones.

Iniciado este proceso de comprensión, que espero jamás llegue a considerar suficientemente maduro, se me planteó la entrada en E.T.A., y acepte.

A pesar de la dificultad de las relaciones orgánicas debida a exigencias de la clandestinidad en que debía desarrollarse nuestra actividad política, mi pertenencia a E.T.A. me permitió profundizar más en el conocimiento de la cuestión nacional y su relación con la lucha de clases. Pero fue fundamentalmente la escisión producida en torno a la realización de la VI Asamblea –declarada ilegal– la que, obligándome a revisar todos mis planteamientos antes de posicionarme, me permitió darles coherencia y confirmarme en su justeza.

La tesis defendida por el grupo denominado VI Asamblea consistía en que la opresión nacional sufrida por el Pueblo Vasco era una consecuencia histórica más del desarrollo social que tenía como motor la lucha de clases. En el proceso de consolidación del modo de producción capitalista, las burguesías de los Estados español y francés, buscando el dominio de mercados lo más amplios posible, habían separado Euskadi en dos pedazos y, tratando de homogeneizar sus respectivos mercados, tanto a nivel jurídico como lingüístico, habían destruido la peculiar organización jurídica vasca e intentado aniquilar la lengua, imponiendo por contra las culturas castellana y francesa, que de este modo se convertirán no sólo en dominantes, sino en las únicas permitidas. Superado el modo de producción capitalista, y no teniendo los trabajadores españoles y franceses –nueva clase hegemónica– ningún interés en mantener la opresión del Pueblo Vasco, ésta automáticamente tendería a desaparecer. Por lo tanto, el objetivo principal lo constituía el triunfo de la revolución socialista a nivel de los Estados español y francés. Para lograrlo lo antes posible, era necesario unificar a los trabajadores a nivel de Estado ya que es a este nivel al que se desarrolla la lucha de clases de un modo diferenciado. E.T.A. había defendido siempre la independencia de Euskadi y, según VI Asamblea, esta reivindicación dividía a los trabajadores vascos, por lo tanto, era preciso abandonarla y posicionarse por la autodeterminación nacional sin adoptar opción concreta alguna respecto a ella. La opción independentista, no sólo era contrarrevolucionaria en cuanto que sembraba la división en el seno de la clase obrera y frenaba el proceso revolucionario, sino que además era pequeño-burguesa por cuanto representaba el intento de la pequeña burguesía vasca de convertirse en clase hegemónica del nuevo vasco a crear; intento por otra parte banal, visto el punto al que había llegado el proceso de desarrollo histórico. La opción independentista era, pues, reaccionaria además. Curiosamente –por lo repetitivo– y coincidiendo con esta tesis, se planteaba la lucha armada como un método elitista y de ambiciones mesiánicas que, intentando sustituir al necesario protagonismo de las masas obreras, no representaba sino la expresión de una pequeña-burguesía que se revolvía desesperadamente contra su inexorable marginamiento histórico. Siguiendo este esquema –y aunque jamás fuera dicho–, E.T.A. no representaba sino la versión anti-franquista, y por ello radical, de la política pequeño-burguesa del P.N.V.; y en definitiva, una organización llamada a ser asimilada por dicho partido una vez alcanzada la democracia política, si esto llegaba a producirse.

Estando de acuerdo con su análisis acerca del origen de la opresión del Pueblo Vasco, rechazaba por completo las consecuencias que de dicho análisis extraían. Su esquema, copia exacta del aplicado por Lenin en la U.R.S.S., lo encontraba erróneo en Euskadi. Los pueblos, y dentro de ellos cada sector, no optan en un momento, sino continuamente en un proceso a lo largo del cual pueden cambiar sus opciones si así lo aconsejase la realidad circundante. No era el Estado dictatorial franquista con su acerbo centralismo e imperialismo español la única causa de la existencia de la opción independentista, sino también la incomprensión históricamente demostrada por los partidos obreros españoles frente a la cuestión vasca. La opción independentista era la expresión política de la afirmación nacional de los sectores populares con conciencia nacional que iban día a día ampliándose. El Pueblo Vasco ha tenido ocasión de comprobar a lo largo de la historia que una revolución socialista a nivel de estado no es la solución automática de su opresión nacional; que los partidos obreros españoles están demasiado impregnados del nacionalismo burgués español. Por otra parte, el logro de la independencia exigía la derrota del Estado español por lo menos en Euskadi, es decir, una verdadera revolución política que sólo podía ser llevada a cabo por las capas populares bajo la dirección de la clase obrera, única capaz de asumir hoy en Euskadi con todas sus consecuencias, la dirección de un proceso de tal envergadura. Precisamente, este asumir la cuestión vasca por la clase obrera es lo que ha posibilitado el resurgimiento nacional de Euskadi.

Mis posteriores relaciones, como representante de E.T.A., con representantes de diversos partidos obreros revolucionarios españoles, no sirvieron sino para confirmar esta visión. Dichos partidos no entendían la cuestión vasca sino como un problema, un problema molesto que conviene hacer desaparecer. Siempre me pareció ver que la unidad de “España” era para ellos tan sagrada como para la burguesía española. Jamás llegaban a entender que el carácter nacional que adoptaba la lucha de clases en Euskadi fuese un factor revolucionario; por el contrario, no era para ellos sino una nota discordante en el proceso revolucionario español que aspiraban orquestar.

Con respecto a las relaciones entre Euskadi continental y Euskadi peninsular, el exilio me ofreció la ocasión de conocer directamente la problemática existente. Hasta entonces, mi opción frente a este tema obedecía más a razones históricas e ideológicas que a un conocimiento real de la Euskadi continental actual. No obstante, la experiencia no hizo sino confirmar mis hipótesis y dotarlas de una base más científica. Euskadi continental es una zona de casi nula industrialización; las bases de su economía lo constituyen las actividades del sector primario y las turísticas. Con una población que no sobrepasa el cuarto de millón de habitantes y marginada completamente de los centros económicos franceses, sufre una aguda emigración de mano de obra joven. Aunque el euskara es ampliamente conocido en las zonas rurales, e incluso algo en la costa, su participación junto a Francia en dos guerras de liberación nacional contra las potencias centrales y la inexistencia de clase social alguna capaz de marcar una dinámica nacional propia, ha tenido como consecuencia, que hasta hace aún pocos años la conciencia nacional fuese propiedad exclusiva de determinados sectores intelectuales. Pero la onda expansiva de la lucha de Euskadi peninsular, junto a la labor de dichos sectores intelectuales, ha producido una toma de conciencia cada vez mayor. El Estado francés supo ver el peligro que representaban ambos factores y declaró ilegales tanto a E.T.A. como a Enbata. Como sucede con frecuencia en tales casos, la medida no serviría sino para fortalecer el resurgimiento nacional y nuevas organizaciones habrían de brotar y extenderse, aunque lentamente. Por otro lado, es evidente que la única solución económica viable para Euskadi continental es su integración con la zona peninsular donde puede encontrar los capitales y la tecnología de que necesita para dejar de constituir una reserva turística y productora de mano de obra destinada a la emigración A pesar de las diferencias culturales creadas entre ambas zonas de Euskadi por dos siglos de separación forzada, la comunidad lingüística posibilita dicha integración Pude, pues, comprobar que, a pesar de lo incipiente del grado de desarrollo de la conciencia nacional en Euskadi continental, la unidad de ambas partes de nuestro pueblo no estaba sólo justificada por razones históricas, sino también económicas y que por todas ellas era posible. Por lo tanto, ambas zonas del país no habrían de caminar separadas en dos estrategias correspondientes a los estados en que se hallaban incluidas, sino que era preciso desarrollar una sola estrategia nacional y unitaria, aunque coordinando tácticas y etapas diferentes en correspondencia con la realidad de cada zona.

En cuanto a la lucha armada, mi interpretación acerca de ella tampoco se correspondía con la realizada por VI Asamblea. El hecho de que fuese practicada de modo minoritario no significa en modo alguno que expresase los intereses de la pequeña-burguesía vasca. Constituía únicamente la expresión más radical del descontento de las capas populares vascas y en especial de la clase obrera. La identificación de esta clase con quienes la practicaban comenzó a hacerse patente de modo evidente con ocasión del juicio de Burgos en diciembre del año 70. A partir de entonces, no haría sino crecer. La lucha armada era resultado de la convergencia de la opresión nacional y la explotación de clase que los trabajadores vascos –entendido el término en el sentido más amplio– sufrían bajo la dictadura franquista, y no podía sino desarrollarse en tanto ésta se mantuviese. La mayor o menor aceleración de su proceso de desarrollo obedecía a las condiciones de vida y formación ideológica histórica respecto a ella del pueblo Vasco.

La lucha armada tampoco frenaba las labores de organización de masas a otros niveles; por el contrario, al constituirse en el peor enemigo del régimen español, convertía el resto de formas de lucha en enemigos secundarios y más fáciles de admitir para el franquismo. Cierto que provocaba oleadas de represión sobre los sectores que trataban de organizar a las masas trabajadoras patrióticas, impidiendo su organización; pero ello no se debía a la lucha armada en sí, sino a la unidad orgánica que en E.T.A. se producía entre dichos sectores y los encargados de la práctica armada.

VI Asamblea se declaraba internacionalista y tachaba a E.T.A. de nacionalista pequeño-burguesa. Pero, ¿qué es el internacionalismo obrero? ¿Ser internacionalista exige a los trabajadores de una nación dividida y oprimida renegar de sus derechos nacionales para de este modo confraternizar con los de la nación dominante? En mi opinión, no. Internacionalismo obrero significa la solidaridad de clase, expresada en el mutuo apoyo, entre los trabajadores de las diferentes naciones, pero respetándose en su peculiar forma de ser nacional. Si las relaciones entre las fuerzas obreras españolas y las patrióticas vascas no han sido mejores no se debe a las justas exigencias de estas últimas, sino a la incomprensión y actuación oportunista mostrada por aquéllas frente a la cuestión nacional vasca. ¿El internacionalismo obrero exige que los trabajadores de la nación políticamente más avanzada frenen su ritmo para ir de la mano de los de las más atrasadas? Si fuera así, la humanidad estaría aún estancada. Si determinadas revoluciones socialistas e innumerables luchas de liberación nacional, de indudable signo progresista, han podido alcanzar el éxito se debe de modo muy importante a la existencia de países que no entendieron de aquel modo el internacionalismo obrero. E incluso más, la experiencia demuestra que cada país que triunfa sobre el capitalismo sienta las premisas para la extensión de la revolución socialista mundial porque no hay consejo más eficaz que el ejemplo. La mejor forma de cultivar el internacionalismo es avanzar el proceso revolucionario social, allá donde haya condiciones para ello.

El sector patriótico de la case obrera vasca que no existía de modo consciente hace cuarenta años –lo que permitió que la dirección de la lucha nacional fuese ejercida de modo importante por la pequeña-burguesía– existía ya en la década de los sesenta. La evolución de E.T.A. con sus bruscos saltos y desgajamientos en una y otra dirección, no expresaba sino la búsqueda de la afirmación ideológica y política de dicha clase en el seno de una realidad ocupada por sectores con intereses ajenos a ella.

La separación de la VI Asamblea sería decisiva en este sentido. A partir de ella, no se trataría ya de saber dónde se estaba sino cómo había de estarse. El que E.T.A. –entendida más como fenómeno político que como organización– no haya sido capaz, hasta fechas recientes, de comenzar a organizar a los trabajadores patriotas vascos de modo coherente no se debe a su, por algunos pretendido, carácter pequeño-burgués, sino a la inexperiencia política, lógica en un sector social que en Euskadi acababa de tomar conciencia de su identidad y lo tenía aún todo por aprender.

Precisamente la toma de conciencia de este sector social, constituido por los trabajadores vascos con conciencia nacional, es lo que permitía pensar en Euskadi como un marco autónomo para la revolución socialista que forzosamente habría de ir unida a la lucha de liberación nacional; con todas las dependencias respecto al resto de los Estados español, francés y mundial, que lógicamente existen.

La realidad posterior no ha hecho sino confirmar estas hipótesis. Las luchas obreras surgidas en Euskadi han tenido siempre su límite de generalización en el marco geográfico de la nación vasca; igualmente la lucha política ha tenido en Euskadi carácter diferenciado del resto de los estados vecinos. Ello ha obligado a los partidos de extensión estatal española, a considerar la conveniencia de descentralizar sus estructuras, creando órganos de dirección y siglas a nivel de Euskadi peninsular. Los partidos obreros españoles han dejado de ser el enemigo principal del estado para que este papel fuese ocupado por las fuerzas patrióticas obreras vascas y en especial E.T.A. Estas mismas fuerzas han servido de elemento revulsivo y radicalizador del proceso revolucionario de todo el Estado español, confirmando la justeza de la visión que E.T.A. ha tenido del internacionalismo obrero.

A pesar de la disimilitud entre Euskadi continental y peninsular, producida por las diferentes estructuras socioeconómicas y de formas de padecimiento de la opresión nacional, el proceso de aproximación entre ambas zonas es ya evidente –relaciones culturales, relaciones económicas inter cooperativas, partido político extendido a ambas zonas– y su interrelación cada día mayor, contrarrestando la tesis de quienes las pretendían insertar, respectivamente, en los procesos francés y español e independientes entre sí. Por el contrario, debido a la interrelación antes citada, son los mismos aparatos de Estado español y francés quienes han comenzado a unificar su lucha contra el pueblo Vasco.

Una vez iniciado el proceso de descomposición del franquismo., E.T.A., lejos de engrosar las filas de las organizaciones pequeño-burguesas, ha dado lugar a la creación de partidos obreros; que además están demostrando ser capaces de impulsar a los sectores que representan a una práctica revolucionaria frente a la política reformista de quienes siembre se han auto-proclamado auténticos comunistas revolucionarios.

Hoy, frente a la doble solución –pequeño-burguesa vasca o socialista española– que se le presentaba al Pueblo Vasco en el primer tercio de siglo, un sector de la clase trabajadora está en condiciones de ofrecer una tercera vía: la revolución socialista vasca.

Tampoco debemos engañarnos: el triunfo de esta opción es difícil. Y sus principales obstáculos –con ser importantes– no van a ser únicamente los partidos burgueses –ellos sólo pueden alargar la lucha– ni la existencia de un elevado número de trabajadores sin conciencia nacional; el resurgir y extenderse de la conciencia nacional vasca, así como su asimilación por los inmigrantes, es un proceso largo, pero ya hoy lo suficientemente profundo como para considerarlo difícilmente reversible. Hoy quizá el mayor obstáculo consiste en el alto nivel de consumo existente en Euskadi peninsular –motor del proceso revolucionario vasco–, que puede hacernos olvidar que el objetivo de los trabajadores vascos no es consumir lo necesario y lo superfluo hasta el nivel de lo ridículo –y a la vez dramático–, sino transformar nuestras relaciones sociales de producción, haciéndolas fraternales y solidarias, y nuestras relaciones con los medios de producción apropiándolos y colocándolos a nuestro servicio; decidir qué queremos producir y cómo queremos distribuirlo; poder pensar y relacionarnos en nuestra lengua y crear nuestra propia cultura; en suma, ser hombres libres en un país libre. Esto constituye una revolución social y, para llevarla a cabo, es preciso que el poder político sea nuestro, sin sustituismos de ninguna clase; es preciso que se lo arrebatemos a las burguesías española y francesa que hoy lo detentan; es precisa una revolución política.

Por supuesto que las fuerzas políticas de la burguesía se opondrán a ella. Pero lo más triste seria que también lo hiciesen las fuerzas políticas representativas de la clase obrera española. Nosotros renunciamos a intentar determinar cómo ha de configurarse el proceso revolucionario español y muchos estaríamos dispuestos a ayudarles en su tarea.

Pero a cambio exigimos que a los trabajadores vascos se nos respete el derecho a decidir ya desde hoy cómo queremos construir el futuro, nuestro futuro.

La opción que hoy ofrece el sector patriótico de la clase obrera vasca no es únicamente una opción para Euskadi, sino indirectamente también para los trabajadores españoles y franceses en cuanto que la revolución socialista vasca no puede sino potenciar las de sus respectivos países. Ella constituye la mejor aportación que la clase obrera vasca puede hacer a los trabajadores de todo el mundo.

Si los partidos obreros españoles no lo comprendiesen así y buscasen frenar el proceso político vasco en un intento de integrarlo en el de sus respectivos estados, estarían haciendo un triste favor a los trabajadores vascos y a la clase obrera en general. La incomprensión que hasta el presente han demostrado a las peculiaridades de la lucha en Euskadi es consecuencia directa de su incomprensión de la existencia misma del Pueblo Vasco. Ella constituye precisamente el motivo de que el sector objetiva y subjetivamente más revolucionario de éste haya optado por la independencia y de que todo él tenga hoy una dinámica en ese sentido.

Entre el Pueblo Español hemos encontrado también auténticos revolucionarios que han sabido reconocer la existencia y los derechos de nuestra pueblo; pero desgraciadamente muy pocos. Si los partidos obreros españoles hubiesen sido como ellos, quizá hoy quienes defendemos la independencia de Euskadi hubiésemos optado por otra solución más unitaria. De cualquier modo, los pueblos caminan hacia su integración económica y política y los trabajadores debemos potenciar la solidaridad y unidad internacionales siempre que no nos obligue a sacrificar nuestra personalidad nacional. De ahí que, frente a la tarea de evitar enfrentamientos y borrar suspicacias entre los trabajadores vascos y los españoles y franceses e iniciar un proceso de acercamiento y ayuda mutua, han de ser estos últimos quienes dejen de pensar en términos de imperio y comprendan de una vez que los trabajadores vascos no somos españoles ni franceses, sino única y exclusivamente vascos, y que lo que nos une con ellos no es la pertenencia a una misma nación sino a una misma clase.

José Miguel Beñaran Ordeñana

HIPÓCRITA

Esa mirada de desprecio hacia el resto del mundo va contigo desde siempre, como si perdonases la vida a cada latido de tu podrido corazón. Tu prepotencia pasa los límites que cualquier chulo de barrio impondría a su alrededor. Tu estulticia es supina o quizá la aparentas para querer dar pena a los que te rodean y veneran y tu provocación tan sólo es comparable a la de ese borracho que no es capaz de calcular las consecuencias de sus actos.

Iñaki, de verdad que me das pena, al margen de asco claro. Siempre has sido prepotente, chulo, provocador y tonto. Desde que entraste en la cárcel quisiste mangonear a todo quisqui (díselo al pobre de Otegi que te tenía como chepa y mosca cojonera cuando era ordezkari en Meco), como la cosa no salía como tú querías fuiste creando mal ambiente en todas y cada una de las cárceles que te trasladaban y como tampoco conseguías lo que buscabas arrastraste a tus compañeros en protestas estériles acompañadas de huelgas de hambre (debes de ser el que posee el record de huelgas de hambre en menos tiempo). Recuerda como eras el paladín de la guerra encarnizada contra los funcionarios y la Institución Penitenciaria:

  • No había que tener trato alguno con ellos
  • No había que acceder a nada que ofreciesen
  • No había que obedecer
  • No se recurría ningún parte disciplinario, aunque fuese injusto
  • No se hablaba con el Juez de Vigilancia
  • No se aceptaban redenciones bajo ningún concepto
  • Nada de terceros grados, ni condicionales; ni para los enfermos
  • Hay que cumplir la pena hasta el final

Todo esto con la amenaza de que aquél que aceptase alguna de estas situaciones, colaboraba con el enemigo y era un traidor y HE AQUÍ QUE TÚ HAS TRAGADO TODAS Y CADA UNA DE ESTAS MÁXIMAS (de lo contrario, mírate al espejo y si tienes testiculina contéstate por qué has conseguido doce años de redenciones).

Ahora te quejas amargamente de que no te quitan ojo de encima. ¿Qué esperabas imbécil, que tú tuvieras derecho a darporculo a todo dios y que el resto del mundo respetase tus derechos más sagrados? Esto corrobora mi tesis de que eres un tonto del culo.

De todas maneras y aunque ya lo sabrás, aunque te hagas el despistado, tus “compañeros” de dentro y del exilio están contigo la mar de contentos, sobre todo porque has facilitado con tu actitud chulesca y provocativa la línea de machaque para ellos y la pena añadida de años de cárcel y ahora de extrañamiento.

A lo dicho, al margen de los calificativos emitidos, suaves, por cierto, ERES UN HIPÓCRITA.

Antes eran los peinados de colorines y la verborrea fácil y justificada de ansias de poder; la sonrisa en la cara y las buenas palabras sociales. Cuando fue Consejera del Gobierno Vasco, le lanzó su equipo aquella frase de “ven y cuéntalo” y ella la repetía por todas las Españas, cual papagayo cualquiera. Entonces en el PSE se acompañaba de ilustres como Mario Onaindia +, Teo Uriarte, Aulestia y unos cuantos más, antiguos miembros de ETA(pm), los cuales arrastran bajo sus espaldas más de la mitad de los muertos en la historia de ETA y a los cuales jamás he oído pedir perdón a sus víctimas, (incluso ocultar – sin reivindicar – alguna acción terrorista como la de la Cafetería Rolando de Madrid) y por otro lado con sus ex compañeros de partido condenados e implicados como galosos: ramboreneas, sancristobales y compañía.

Entonces no te rasgabas las vestiduras ni montabas en cólera pidiendo al Gobierno que se menease con urgencia para cambiar las leyes (claro, tenías a tus amigos etarras a tu lado y no era cuestión de salirte del tiesto) y ahora te lanzas en contra de tus ex compañeros de partido y les exiges que tomen cartas en el asunto sin demora.

Tampoco te he oído exigir al PP explicaciones de porqué le han dado a De Juana casi 12 años de redenciones desde el 96 al 2004, (Instituciones Penitenciarias, por un lado y Jueces de Vigilancia, por otro). ¿A qué has esperado?, ¿a tener los hechos consumados? Yo esperaba que una buena parlamentaria como tú dices que eres, hubieses sido más lista y por supuesto, un poco más trabajadora y menos figurín

Pobre rosa de pitiminí, cada día eres más falsa e hipócrita.

MASCARILLA, MORDAZA, TAPABOCAS
Vivimos unas circunstancias, que un minúsculo pero poderoso virus nos ha
obligado a llevar una mascarilla que nos proteja a todos de una infección en nuestro
organismo, pero desde hace muchos años hay multitud de ciudadanos que nos hemos
visto obligados a colocarnos una máscara imaginaria, aunque cruel, de cara al resto
de ciudadanos. Otros, se han o les han colocado una mordaza, también imaginaria,
aunque muy real, de cara a la opinión pública y publicada. Por último, existe un
tapabocas, el cual se ha utilizado bien poco para acallar la gran cantidad de
estupideces, sandeces y crueldades que han ido emitiendo personas con poco sentido
de la decencia y mucho de prepotencia, amparadas por el poder actual. Intentaré
argumentar en lo posible estos tres campos, con la idea de que no me lie en
disquisiciones y me vaya liando en otras ideas.
En 1965, con 17 años recién cumplidos, entré a trabajar en CAF y comencé a
conocer la vida y la lucha del obrero, mal pagada y peor tratada, me fui
concienciando en la lucha diaria y la pequeña clandestinidad, pero sobre todo en la
solidaridad del pueblo trabajador; allí conocí las asambleas a mano alzada y cara
descubierta; no teníamos que taparnos la cara, aunque al poco tiempo, algunos
duplicaron la suya ( gran jugada de los patronos que liberaron a los que consideraban
lideres y quitándoles el buzo de trabajo los llevaron a su lado con engaños
permitidos) y de ahí llegaron los sindicatos que han mangoneado todo lo que han
querido siendo , en este momento, indispensables para cualquier actuación. Aquí si
que se habría necesitado tanto mascarilla y mordaza, unas para tapar las vergüenzas y
las otras para tapar los actos deshonestos y de omisión que se han cometido.
El primer contacto directo con ETA lo tuve un día a final de mes, cuando , un
poco antes de las dos, hora que acababa mi jornada de trabajo, iba con un compañero
a cobrar el sueldo, por aquel entonces en metálico y en sobre marrón , y vimos a la
gente tirada de bruces en el suelo; al preguntar, nos comentaron que unos chicos
jóvenes encapuchados y armados habían robado toda la nómina de aquella zona.
Luego me enteré que los habían cogido en un bosque cercano con la pasta en las
manos; fue un robo chapucero, mal preparado, pero mi primer contacto con la
Organización ETA. Recuerdo que se le vinculó a Apala en aquel robo, ya que
trabajaba en la sección de chapistas y recuerdo cundo le querían extraditar desde
Francia, las grandes manis de protestas que se formaron , pero sobre todo una en la
que sujetando la pancarta de Apala Askatu uno de los que la sostenía era Txiki
Benegas. Esto y su evolución que merecía ¿Máscara, Mordaza o Bozal?
Poco antes de dejar CAF para dedicarme a otros trabajos y en concreto el día
de mi cumpleaños 27 de septiembre de 1975, estaba previsto que se cumpliera la
sentencia militar firmada por Franco y sus ministros para fusilar a cinco luchadores
antifranquistas, tres del FRAP y dos de ETA. Era fin de semana me acuerdo, porque
habíamos ido varios de la cuadrilla a recoger setas a los hayedos de Ataun –
Lizarrausti y comentábamos que no les fusilarían , ya que había grandes protestas por
ello, PSOE incluido y que les conmutarían la pena por cárcel; que ilusos fuimos
Franco murió matando y en la cama poco después acompañado de Fraga y sus
ministros, dejando todo atado y bien atado, Rey incluido. Creo que aquí haría falta
colocarse los tres trapos , uno encima del otro, para tapar los olores y no ver las
vergüenzas.
Pocos años después de esto, entré a formar parte de ETA tras dos citas con
Txikierdi y Potros y no me explayaré en contar lo que ya he escrito en mi libro, al
cual le han puesto mordaza y nadie lo quiere editar, lo que si diré es que en el 83
quise abandonar la Organización y con múltiples halagos, entre Kubati y Potros me
convencieron de continuar, cuanto mejor me hubiera ido si me hubiera puesto un
bozal a la hora de contestar que continuaría. Tras comerme cantidad de atentados,
entre ellos algunos conocidos que no participé, decidí acogerme a las vías que me
llevaron a mi semilibertad, por lo que fui doblemente condenado con el agravante de
que la condena dictada por ETA me privó de más libertad que unas paredes
carcelarias. Mis antiguos compañeros me odiaban y me deseaban lo peor, los
políticos intentaban utilizarme y dejarme tirado a continuación y la mass media decía
en sus medios lo que les venía mejor para la venta de sus diarios y telediarios; la
gente de a pie se dividía entre los que pasaban, los que me miraban de soslayo y los
que me maldecían. Necesité un buen bozal y mascara para no ver y oler la mierda que
me rodeaba y aún me rodea.
Hoy es el día , en el cual cumplo 72 tacos, día de memoria fatídica, que tengo
que pellizcarme para darme cuenta que esto no es un sueño; al margen de no
entender, al igual que muchos mayores como yo, dónde se han ido los días y años sin
darme cuenta. Hoy me sorprendo de ver la falta de solidaridad y de hipocresía
acompañada de una manipulación de los hechos que me abruma; se quiere y se va a
un relato de lo ocurrido en el que participa todo quisqui aunque no tenga ni pajolera
idea de los hechos acaecidos , tocan de oído y con descaro al respecto, aquí si que
tengo que ponerme los tres trapos ….
…El relato de hechos acontecidos nos lo quieren imponer con
intencionalidad de cararter vengativo y dañino aquellas personas con poder en
distintos estamentos que lo que en realidad les interesa es borrar la historia real,
aunque dolorosa y plasmarnos una fabula a su estilo e interés. Todos aquellos que
pertenecieron a ETA(pm) no dicen nada, se callan, ya que para ellos , a pesar de
tener casi la mitad de los ochocientos y pico muertos (asesinatos) lucharon por la
libertad, por lo visto, nosotros los milis, lo hicimos por placer y así fueron acogidos
por partidos políticos, sobre todo el PSOE y colocados en distintos cargos, al día de
hoy viven de rentas. Los políticos implicados en las guerras sucias y en
manifectaciones, se olvidan de su pasado y repudian sin reparo aquello que ellos
cometieron; hoy son capaces de dar clase de dignidad al resto como el asesino
galoso Señor X, que forrado de pasta y de grasa nos da lecciones de limpieza
democrática y con el toda la camarilla de ex- no se que, pero bien pagados. Los
jueces del TOP, hoy A.N. que miraron sin pudor hacia otro lado ante descaradas
muestras de tortura, asesinatos, secuestros, desapariciones y barbaridades,
condenando a cientos de años, sin pestañear y sin pruebas a cantidad de jóvenes
luchadores vascos. Las distintas fuerzas de seguridad que torturaron y maltrataron
, no solo a militantes, sino a gente normal de la calle, por pensar en izquierdas
como los comunistas, que apalizaron sin piedad y parece que con gusto desmedido.
Están los periodistas, que han manipulado, tergiversado la información al gusto
del poderoso y no se le ha caído los anillos y hoy escriben historias como si fueran
sabedores infalibles de la verdad, como Aranburu que este si que escribe de oído.
Todos estos y más, parece que tienen derecho a crear el relato y nosotros
desgraciados asesinos no tenemos ni voz ni voto en este asunto; pues no, no me da
la gana y daré mi opinión , a pesar que más de uno se cabree y mucho y me jodan
en los próximos juicios que tengo; mañana como testigo y los días 8 y 9 de Octubre
como imputado en dos asesinatos, un día, 26 de julio, que coincide en día y hora
con otro hecho por el que fui juzgado y condenado, acaecido hace 34 años y que
por el cual me pedirán entre 60 y 80 años de prisión y tratándose de la Audiencia
Nacional, pocas bromas.
Decía: Recuerdo aquellos años de plomos de las décadas del 1970-80, hasta
90 en las que los obreros luchaban entre barricadas y eran machacados por las
fuerzas de seguridad del Estado y que sólo les quedaba maldecir a estos esbirros y
como insulto terrible gritaban “ETA MÁTALOS”. Recuerdo aquellos empresarios
sin alma que tan sólo se cuidaban de alzar la voz de la tiranía ante ETA. Recuerdo
a aquellos militares que se encargaban de preparar golpes de Estado. Recuerdo a
los politicos miserables que nunca hicieron nada para el pueblo llano y que como
Aznar , cuando le interesó, llamo a ETA (movimiento de Liberación Nacional
Vasco). Todos ellos hasta que la tecnología y el inmovilismo de ETA llegó, no
fueron capaces de decir nada congruente, solo lamentaciones y lágrimas de
cocodrilo ante las víctimas y de aquellas viudas negras que quedaron mal viviendo
en pueblos andaluces y extremeños y olvidadas de la mano de Dios.
Ahora amparados en ese omnipresente poder que les da el tener al pueblo
esclavo de sus ideas, nos maldicen señalan, juzgan, desprecian y estigmatizan. Son
como aquella cólera de Dios del medievo. Nos quitan el pan y la sal y nos
arrinconan como antiguamente a los leprosos. Si, somos asesinos despreciables,
pero con sentimientos e ideas; reconocemos que hicimos mal, muy mal las cosas y
despreciamos los derechos humanos y somos culpables de prepotencia y maldad,
pero creo, que hemos pagado con creces y que tenemos derecho a un rincón de paz
en este mundo. Algunos hemos pedido perdón infinidad de veces y parece que no es
suficiente, ¿tenemos que seguir lacerándonos?. No basta con nuestro malestar,
parece, debemos seguir arrastrándonos y sin derecho a opinar , también.
72 años tengo hoy y estoy cansado; quiero vivir en mi rincón en paz, quiero
tener mi opinión sobre mi vida y el pasado y quiero ser parte del relato y nadie
debería impedírmelo con el improperio de decirme: Tu no tienes derecho a nada
asesino asqueroso. Dejarme en Paz, con bozal o con los tres trapos.
Desde nuestro rincón asqueroso, según vosotros, queremos y debemos dar
nuestra opinión, nuestro relato de lo acontecido y dejar claro que no debimos
hacer muchas cosas, debimos pensar mejor y jugar un poco menos a sentirnos
Dios o lo que sea, que nos daba derecho a eliminar a mucha gente, con total
soberbia. Debimos dialogar más y matar menos.
Si, hicimos eso y mucho más, pero al igual que nosotros delinquimos,
también lo hicieron mucha gente de traje y corbata, bien se, civil o militar y hoy en
día se les escucha y se les pide su opinión respecto a este relato que queremos
escribir y sobre todo recordar.
Que hubiera sido de muchos países de nuestro entorno sin la voz de
aquellos que la historia ha reconocido que a pesar de matar, asesinar o eliminar al
enemigo les dieron la voz, la palabra.
Yo tengo derecho a dar mi opinión y al igual que yo, lo tiene todo un
movimiento que de una manera u otra luchó por la libertad y el avance de esta
tierra nuestra.
Joxemi Latasa Getaria, en Gasteiz a 27 de septiembre de 2020

DISPERSIÓN:

Navidades de 1.988; Alcalá Meco y Herrera de la Mancha eran dos hervideros, pero sobre los dos el que estaba a punto de estallar era Herrera; aquel cortijo de cuatro módulos repleto de presos de ETA tenía los días contados para su existencia como cárceles en las cuales reunían a los miembros de ETA, con no sé qué intenciones. Lo que sí se sabe y nadie quiere decir, es la verdad por lo que se produjo la dispersión de casi todos los presos de ETA. No sé por qué mienten descaradamente todos los partidos políticos y se calla la Izquierda Abertzale y sobre todo Otegi que entonces se encontraba conmigo en el módulo 4 de Herrera.

Para entender mejor su estructura debo especificar que por aquel entonces el colectivo de presos estaba dividido en los llamados “duros”, comandados por Iñaki De Juana Chaos, Troitiño, Kubati, Garratz, Etxaburu; y por los “blandos”, capitaneados por Zumai y Erreka y en medio los indecisos.

Herrera, era una estructura cuadrada dividida en cuatro partes y compuesta según se entraba en blandos y duros a la izquierda y en observación y preventivos a la derecha por encima de los tejados. La comunicación se realizaba en forma de notas que se lanzaban en paquetes compuestos por dos o tres pilas envueltas con la nota y celofan para poder lanzarlas por encima de los tejados.

Batzarras continuas y un enfrentamiento entre las dos partes que no tenía solución. Un continuo envío de mensajes a la Organización solicitando que parase los pies a uno u otro bando, aunque ahora veo que aquello no pasaba de las manos y el escritorio de algún abogado de las gestoras. El choque era tan brutal que se acercaba a una escisión, si aquello dura unos meses más el colectivo de presos se rompe debido a las posturas antagónicas de ambas partes. Los blandos preconizaban una estancia en prisión tranquila y admitiendo llevar una dinámica de aceptación a las normas de la Administración carcelaria y con ello acogerse a todo tipo de reducción de condena por medio de redenciones ordinarias y extraordinarias e incluso aceptar segundos y terceros grados e incluso permisos y con ello cumplir la norma de salir cuanto antes de prisión; mientras que los duros no aceptaban ninguna norma de aceptación y pedían continuar con la lucha dentro de prisión; desobediencia y enfrentamiento con los funcionarios y la Institución.

Con estos mimbres y teniendo el Gobierno español en sus manos la llave de acabar con parte del colectivo o con el mismo dividido en dos, dejando que aquello explotase; no se le ocurre otra cosa a el PSOE con Múgica Herzog ayudado por el PNV de Arzallus que poner en marcha la dispersión y dar de esa manera la razón a los duros que no cambiaron su postura, mientras que encabronaron a los blandos cambiando su fácil modo de vida por una situación dura en otras cárceles; trasladando a Nanclares a unos pocos con Zumai y Erreka.

Ocasión perdida para un triunfo cantado y una conclusión,”la de que no querían acabar con ETA” y de esa manera aprovechar unas circunstancias que les beneficiaban, según ellos. Lo que consiguieron con ello, nadie más que ellos lo saben, sin embargo, dan pábulo a la gran mentira de que de esta manera les sacaban de la vigilancia de la Organización que les controlaba, lo cual era mentira, aparte de obvio. Esta nueva situación de los presos dispersados cerró cauces de debate interno y encabronó a la mayoría de los presos y sus familiares, impidiendo cauces de acercamiento y debate de cara a una solución de exigencia de alto el fuego y negociación.

Muchos años perdidos, por vete a saber qué intereses políticos de gente sin escrúpulos.

RETORNO:

Han tenido que pasar 10 años, desde el fin de ETA, para que se entienda que la dispersión en sí no tenía sentido alguno , mas que una solución vindicativa y a la vez dañina para las familias de los presos de ETA. Algo que no solucionaba el asunto de la reinserción y la restauración del daño causado.

Se han puesto sobre la mesa, que para el acercamiento de presos, era necesario que estos presos pidieran perdón, solicitasen reisentarse, lo que prácticamente representaba rendirse totalmente y ello, exceptuando algunos pocos, no tuvo acuse de recibo, consiguiendo que el colectivo, por una u otra causa, sobre todo presión y miedo insuflado, se cerrase en banda y ello se enquistó, dando una parálisis demasiado larga, que se ha desbloqueado con la ayuda de Bildu a la formación de Gobierno y los presupuestos del Gobierno actual, dándose en contraprestación algunos movimientos de acercamiento. Ello no se ha producido por más arrepentimiento, ni más reparación del daño, ni más perdón solicitado; simple y llanamente por intereses comunes. No se ha conseguido avanzar en el reconocimiento, la restauración y sobre todo, en la reconciliación y tan sólo ha madurado un tiempo nuevo que ha obligado al Gobierno a conceder unas pequeñas migajas y a la izquierda abertzale a presentar estas medidas como un gran triunfo, sin serlo.

Para que este proyecto cumpla su fin, hará falta más valentía y menos soberbia por ambas partes. Mientras no se reconozca abiertamente el daño causado y no se solicite un perdón integral sin tapujos, por una parte y por la otra no se admita los errores cometidos y la presión excesiva aplicada, como así mismo la solicitud de perdón por el terrorismo de Estado, no habrá reconciliación, ni relato claro y veraz de los hechos y la historia quedará colgada de una pared movible. Seguiremos escupiendo hacia el cielo.

RECIBIMIENTOS

Es natural que ante el final de una condena, larga y dolorosa, quitando de en medio si era necesaria, las familias, amigos y allegados se alegren y deseen recibir con cariño a un hombre o mujer de su pueblo al que llevan casi treinta años sin ver.

Veo natural este gesto de amistad y cariño, sea un delincuente común que ha robado o ha delinquido o ha practicado el terrorismo o lucha armada. Es de ley que su gente se alegre y le reciba con euforia a sabiendas que ha pagado con creces el castigo impuesto por la sociedad.

Lo que no veo medianamente bien, ni saludable, ni correcto, es un recibimiento con pompa y boato a base de desfile entre masas enfervorecidas, con bengalas y carteles llenos de soflamas victoriosas para unos e hirientes para otros, como el recibimiento al héroe victorioso de una contienda.

No, eso no me gusta y creo que no lleva a ser saludable, ni beneficioso para una reconciliación, creo que ofende a la víctima, por una parte y poco ayuda al victimario, por la otra. El familiar que lleva acusando la desgracia de haber perdido a ese ser o que sigue destrozado por la acción realizada por este homenajeado, revive los hechos con tanto o más dolor que el día de los “hechos” y creo que al preso que llega tras sufrir su privación de libertad y tras haber querido pasar página de esos hechos , poco le beneficia que le hagan volver al inicio de su camino y sentirse lo que no es en la actualidad. No creo que nadie se vanaglorie de haber quitado la vida a otra persona o de haberla destrozado.

Creo que hay otras maneras de recibir al familiar o amigo sin parafernalias triunfalistas, pero también creo que la Izquierda Abertzale, todavía, no está preparada, como para dar este paso necesario hacia la RECONCILIACIÓN.

Joxemi Latasa Getaria, Mayo de 2021