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Habitualmente las ciudades suelen utilizar grandes eventos de carácter internacional para dar un salto de calidad a su urbanismo, o para reconectar áreas que otros desconectaron en pos de un modernismo con taras y consecuencias perdurables en el tiempo. Bilbao afrontó las consecuencias de las crisis postergadas bajo el manto del franquismo con valentía y decisión. Finalmente se llegó a un horizonte donde se creó la ficción de un evento multitudinario que nunca sería real, pero serviría de marca de esperanza para en esa fecha poder estrenar una ciudad nueva y consolidada, la ciudad universal del siglo XXI. Hasta seis alcaldes con sus equipos trabajaron y contribuyeron a un presente espléndido, que tuvo como guinda postrera el conocido Museo Guggenheim en uno de los extremos de Abandoibarra. Pero esto es pasado, no hay que detenerse en el ni por nostalgia ni para tomar impulso. Reconocimiento si, razones del hoy, también, pero los responsables institucionales, a semejanza de la mirada fresca de un Señor Laskurain, padre desde ser responsable de Hacienda de la institución del museo obra de Frank O. Gehry, se avecina la segunda transformación de la capital de Bizkaia, y para ello, podríamos poner, esta vez sí, un evento de grandes dimensiones en el horizonte. Sin bilbainadas esta vez, soñemos a lo grande.

Más allá de circunstancias operativas respecto a consecuencias de imponderables sanitarios con derivadas en la situación general, creo que es evidente que se puede afirmar que las ciudades que en los últimos lustros han triunfado en la consecución de unos Juegos Olímpicos han sido aquellas que tenían algo que ofrecer, algo que transformar, algo que desarrollar. Un halo de crecimiento, de esperanza, coronado por la experiencia universal de unos juegos en tu ciudad, culminación de una olimpiada de cuatro años, desde que el alcalde recibe la bandera olímpica en la ceremonia de clausura de la ciudad precedente. Si recordamos las tres veces que la capital de las españas ha competido con otras para recibir los juegos del 12, del 16 y del 20, en todas tal vez la candidatura estuviera demasiado desarrollada. Si, eso puede ser un handicap. Pasarse de frenada puede ser un problema. Lo mismo que quedarse corto. Hay que procurar el punto de equilibro, ese donde uno presente sus credenciales solventes de lo que ha sido y conseguido, pero con un futuro transformador hacia el porvenir, juntar esas dos facetas puede ser garantía de triunfo. O por lo menos, ingrediente necesario para su culminación y consecución.

No deja de ser curioso que los juegos alemanes hayan sido logrados en competencia con ciudades españolas. Berlín 1936 derrotó a Barcelona, que si bien es cierto, difícilmente hubiera podido acoger los juegos por esas cosas del 18 de julio de aquel año y que todos creo ya saben, lo mismo que fue objeto a nivel internacional para no proceder a la celebración de hasta tres juegos (los de 1916, 1940 y 1944). En 1972 Munich derrotó a Madrid, que sigue siendo la única gran capital, junto a Bilbao, evidentemente, que no tiene en Europa en su historial unos Juegos Olímpicos. Y eso puede y debe cambiar. Tengamos en cuenta que los juegos en la modalidad de verano tendrán su cita en París en el 24, pero luego se trasladan a Los Ángeles en el 28 y a Brisbane en el 32. Esta última, sorprendentemente, a dedo, dado que curiosamente, para los dos previos sólo se presentaron dos, y hubo arreglo entre ambas, entre otras cosas para garantizar el centenario de la ciudad de la luz en su idilio con los juegos. Por tanto es plausible unos juegos en Europa en 2036. ¿Y los de invierno? ¿No quiere Barcelona organizar los de invierno de 2030? Porca miseria, imposible, los juegos de invierno previos son en 2026 y son en Italia, ergo, un continente no va a tener dos juegos, aunque sean de invierno, consecutivos, salvo que no haya otras ciudades candidatas, cosa, que parece, no es el caso. Por lo tanto, se abre la puerta de par en par para el potencial de una candidatura bilbáina a los de verano de 2036.

Son tiempos de oportunidades y hemos de cogerlas al vuelo. ¿Es posible plantear una candidatura olímpica sólo de la ciudad de Bilbao? Evidentemente no. Pero bajo el liderazgo compartido de la ciudad señera como es la capital del mundo conocido, y por ende, también de Bizkaia, como es Bilbao, es plausible juntar otras compañías selectas, como puedan ser Getxo, Santurtzi, Donostia, Gasteiz, o, porqué no, Castro Urdiales, Pamplona, Santander, Logroño y Barakaldo. Un eje de corazón bilbaino que estructure un horizonte de promesas por cumplir que supongan el final de un camino de baldosas amarillas que transitar mediante esa segunda transformación de la villa, que esta vez sí, pudiera tener una culminación a la vista del mundo, con su ceremonia de apertura y clausura, para, de esta manera, demostrar, una vez más, que somos dignos de nuestro presente y brillante futuro, por eso, desde aquí, invito, en la medida de lo posible, a erigir cuanto antes el proyecto tendente a incorporar lo existente en las mesas de dibujo y lo que puede derivarse en por venir, a la causa de traer los juegos a la ría, es decir, al impulso de los juegos de la concordia, los Juegos Olímpicos de 2036 en Bilbao. Eskerrik asko.

¿Que se puede decir? Que uno se acuerda de la Santa Bárbara cuando truena. Y eso pasa cuando se junta el momento actual la “necesidad” de aire acondicionado con el precio por megawatio más caro de la historia del mundo mundial. Muchos deberán quedar retratados cuando se combatía el calor con métodos efectivos mucho antes de la llegada de la inventiva y la técnica, en especial en tierras de Tartesos, pero que se le va a hacer, la memoria es menguante, tendente a desaparecer. Y por ello vamos a poner una serie de cosas encima de la mesa, con permiso.

Si bien es cierto que estas cosas del sistema energético hay que hablar-las con la Unión Europea, es bien cierto que parte de la estructura allá es íntergubernamental, por lo que son ellos mismos, los estados miembros, los que pueden y deben hacerse oir, por lo que vamos a lo del estado español. Hay gente que se pone a hablar de cooperativas públicas municipales de gestión de lo eléctrico. Gente que tiene comentaristas en vez de ministros, parece ser, como el señor de Consumo, que en otros gobiernos sería una Secretaría de Estado, y sigue creyendo que la tabla de los martes es como la de señor Ferreras, en vez de lo que es, ejecutiva. Dejando su sapiencia a un lado, les dicen a la gente que lo ideal es crear una empresa de cariz público para orillar a esos capitalistas malvados oligarcas burgueses y con puertas giratorias y todo que hacen todo lo posible por destruir los sueños del pueblo trabajador español. Supongo que con la idea de llevarles a los apagones de Carabobo y Barquisimeto. Gran modelo el bolivariano, cada día más dependiente del Guri. Pero se olvidan, en España, que el asunto estriba fundamentalmente en la ausencia de libertad en el mercado energético. Y una pobre conexión con el continente, también es cierto, pero eso puede ser secundario.

Resumiendo mucho el asunto actualmente se centra en que el precio final de la tarifa se evalúa por el último que entra. Pongamos que necesitamos cien barras de pan. Y hay de 5 tipos hasta 87, pero siguen haciendo falta. Y ahí viene uno con parisinas que cubre el cupo, y pagamos el resto de las barras de pan al precio de la última en ser servida. Eso no es libre competencia, y debe cambiarse. Por principios de libertad e igualdad, en el que cualquiera pueda entrar. A competir, a poder suministrar el servicio, como en el resto de nichos económicos, o como se dice debe ser. Es un principio europeo, y debe aplicarse. Y de medias hay elementos a considerar, empezando por el hecho de que se liberase la comercialización, pero no la generación. Si tengo 500 caramelos, puede haber un millón de comerciales para venderlos, pero sigo teniendo los mismos caramelos si no permito que puedan hacerse más. Este es el asunto. El cuello de botella que no se ve y no se dice, para proteger, tal vez, un modelo de negocio.

Sin limitantes, así debiera ser. Sin impuestos al sol, sin moratorias a las energías renovables, sin ilegalizaciones a la energía nuclear, y, porqué no, sin prohibiciones a cosas absurdas. A cambio, un reglamento justo, de salvaguardas, de seguridades en la generación, empleo y comercialización, para que todo el que quiera competir con su central nuclear, eólica, maremotriz, de ciclo combinado, jugándose sus cuartos y los de sus inversores, tengan un marco de funcionamiento común. Y en ese marco igual y libre para todos, si el estado quiere entrar a competir, en igualdad, que monte su empresa pública de generación de electricidad, de distribución, de comercialización, pero sin esteroides producto del libre acceso y disposición de los PGE. Con esa salvaguarda, debiera darse libre acceso. Sin más limitante que el sistema regulatorio para garantizar que el ciudadano, consumidor, reciba un suministro sin problemáticas ni riesgos, o, por lo menos, minimizando lo más posible cada uno de ellos.

Suele pasar que estalla el problema y no se puede dar paso a un debate sosegado porque cuando la energía es cara lo que la gente, llena de rabia, y con la única ayuda a veces de ver como señalan culpables donde los dos minutos de ira se canalizan hacia el odio de los que supuestamente se lo llevan calentito para escarnio de todos, debe ser sustituido por propuestas. Y creo sinceramente que lo que debe hacerse es abrir las puertas que limitan e impiden que cualquiera compita, que cualquier persona con los medios de su lado pueda dar cuenta de su voluntad de hacer posibles sus sueños, también en el rubro de la energía. Y de esa manera, siendo más libres, la economía funcionará mejor, porque habrá más confianza, y la distribución de recursos se equilibrará. ¿Más regulación? ¿En serio? Si actualmente es un mercado cautivo y regulado. No, el camino es 180 grados a la inversa. Justicia y libertad. No será la panacea y no será inmediato, pero si puede ser el camino para que se transite a un escenario mejor. Háganme caso, o no. Pero, por lo menos, piensen en ello.

Nos encontramos inmersos en un escenario donde las restricciones en el uso y abuso de materiales energéticos para el ámbito civil van a ser una realidad tangible en poco tiempo. Y no es por el mal concebido malthusianismo de siglos pasados, sino porque los cuellos de botella se van a generar en la generación de proximidad de energía, especialmente en el ámbito de la generación eléctrica. Esto sucederá con los equipos de suministro en el ámbito militar, pero ese no es el objeto de esta propuesta o hipótesis. Sino el rey de los medios de transporte civiles: el vehículo particular.

Debiéramos ser conscientes del hecho singular de la ciudad de Los Ángeles que, si bien pudo haber disfrutado de un sistema de transporte metropolitano en paralelo al de la Ciudad de Nueva York, de carácter subterráneo en su mayoría, lo que popularmente se conoce como sistema metro, se fue desvirtuando hasta el punto de que tras la Segunda Guerra Mundial, con los intereses de las generadoras de hidrocarburos y la industria del caucho, prefirieron potenciar el vehículo privado y las grandes autopistas, que en el caso americano, era plausible en la mayor parte de los estados, incluso generando espacios para el potencial desarrollo futuro de ampliaciones de los cáuces secos de dichos elementos. El problema es que imbricado a ese modelo estaban las casas unifamiliares en extrarradios que se extendían más allá donde la vista se cruzaba con el horizonte, dando incrementos sostenidos al interludio de tránsito entre el lugar de residencia y el lugar de trabajo, siendo cada vez más próximo el período de tránsito al de descanso en brazos de Morfeo. Sirva este marco para poner de relieve uno de los extremos de uso de este elemento en el marco de la sociedad occidental a caballo entre el último cuarto de siglo XX y primero del XXI, en una reflexión, por lo demás necesaria, aunque no necesariamente innovadora, pues en la crisis con los países generadores de hidrocarburos de aquél momento, a causa de la defensa del proyecto nacional en tierra santa para las víctimas de la Soah, fue objeto occidente de un bloqueo y embargo que debiera haber llevado a algo más que la racionalización en el gasto de hidrocarburos, en el ámbito personal y colectivo.

Vivimos en una sociedad donde es altamente sugerente por múltiples partes el hecho de apostar por el transporte colectivo. Han visto estas tierras muchos proyectos fracasados, como por ejemplo el por otro lado altamente corrupto Santander Mediterráneo, que terminó por descarrilar en la década de los 50 del siglo XX en un momento donde se pensó que el transporte por carretera era de mayor capacitación y beneficio. Sobre unos asfaltos de capacitación especial que ya fueron objeto de debate en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera en el estado español. Debates y concreciones, pues, que son de largo término, y de pesado y corto paso, según como se mire. En 1975 se produjo el último viaje del tren Bilbao Mungia, que a día de hoy es la ciudad de Bizkaia de mayor tamaño sin acceso a tránsito ferroviario alguno. En 1977 se empezó a diseñar la versión moderna del potencial transporte urbano metropolitano del Gran Bilbao. Que se empezaría a inaugurar en Noviembre de 1995. El Tren de Alta Velocidad para Euzkadi se aprueba en Consejo de Ministros en 1988 y empiezan las obras en 2005. Hay elementos de la sociedad que piensan erróneamente que en vez de hacer el TAV era suficiente con mejorar las condiciones del Tren entre Bilbao y Donostia. Se equivocan de raíz, pues uno, el primero, es de transporte semidirecto, a poder ser, tendente a ser comunicación directa entre las dos capitales de territorios históricos y el segundo, que sin duda merece mejoras, es para ir tejiendo una red de cabotaje entre pueblos para que el tránsito sea en ferrocarril y a poder ser, desatascar la autopista existente. Y de esta manera hemos llegado al mehollo, los poderes públicos y el sentido común instalan y potencian el transporte público. Y eso nos debe llevar al hecho de reorientar el potencial del vehículo privado.

Debiéramos ser conscientes que el hecho de la propiedad privada en el ámbito del vehículo privado es un lastre en el espacio y en el tiempo. Y en la generación de energía. En los tiempos que han corrido en el presente reciente, con tiempos de confinamiento, donde los vehículos que han tenido la posibilidad de mantener su vida en interior, han dormido el sueño de los justos, teniendo poca vida a sus poderosos motores. Pero, visto desde otro ángulo, incluso fuera de tiempos de pandemia, los coches permanecen un tiempo elevado, casi tendente a ser la midad, de su ciclo vital, en el más absoluto de los interregnos de la ausencia de movilidad. Valga la paradoja. Claro que al ser vehículos de propiedad privada cada cual hace lo que considera oportuno. Pero hay un potencial al respecto, y es el hecho de poner en común ese bien, para que sea utilizable en el momento de necesidad, por parte de cualquier conductor. Potenciar y primar el uso compartido, desde la base de intentar salvar la barda de esa propiedad privada. En esencia la idea supondría que, por ejemplo, en una aplicación, nada más salir del hogar, pudiera uno coger el primer coche libre aparcado. Hacer uso de ese vehículo, y poder dejarlo en el punto de destino. No es un sistema tan extraño. Se está desplegando un sistema parecido en muchas ciudades, pero con las bicicletas. De momento es más plausible encontrarlo dentro del término municipal, pero paulatinamente se debería ampliar para no ser raro o extraño encontrar en soportes de Leioa bicicletas de Getxo, o de Erandio en Bilbao y viceversa. Y ese principio pudiera ser extrapolado al vehículo, en la noción de maximizar el beneficio y minimizar el impacto en términos de huella ecológica respecto al conjunto del planeta, no sólo en emisión de gases con efecto invernadero, sino en el uso potencial, hoy coartado por el actual estado de cosas.

Resumiendo el asunto se encotnraría centrado principalmente en el uso y disfrute del elemento de transporte público como elemento vehicular, pero como no es plausible ni deseable el estrechamiento de la libertad de uso particular, debiera ser posible aplicar criterios colectivos al uso del vehículo particular, con una forma de cierta comunitarización, con el potencial que ofrece la tecnología. Sin duda hay dos grandes piedras, casi dólmenes, que jalonan el diferir en el futuro el ptencial inmediato de esta medida: el ámbito de la mentalidad respecto a este cambio de paradigma / perspectiva y por otro lado los linderos referidos a la propiedad privada, el uso colectivo de un bien concebido para ser particular. Sin duda alguna serán los dos grandes desafíos que deberá sortearse el ser o no ser de esta iniciativa, que los legos podrían bien considerar algo así como vehículos de transporte sin conductor, o vtsc. Conceptualmente el desafío es presente, el potencial es futuro. Y este proyecto incardina en la ola del futuro que se basa en el sustrato de decisiones ya tomadas en pos de un transporte sostenible. La lógica indicaría a seguir los pasos en direcciones como esta que se apunta, referida a esta idea donde quien quiera usar un vehículo de transporte particular lo pueda hacer, pero bajo un nuevo modelo societario del que nos hemos dotado, y por lo tanto, con un elemento transformador y de uso y disfrute, más inmediato. Pues, retomando la ida del confinamiento, el de un coche, el encontrarse en dique seco no sólo limita el potencial de uso y disfrute del elemento, sino que es contraproducente para el mantenimiento del mismo. Y, por tanto, potencial fuente de problemas logísticos, es decir, de ser necesario acudir al taller de reparaciones, principalmente, por falta de uso. Sirva este elemento de acicate para poner encima de la mesa la reflexión sobre el uso circular del uso privado del vehículo dentro de un marco general de uso público y comunitario, tal y como tanto las decisiones y caminos adoptados como la tecnología permiten hoy para un futuro más brillante, próspero y en común.

Muchas líneas confluyen en una misma dirección para poner el acento en el municipio bizkaino de Getxo. Las vidas de Ana Rosa, su hermano Fernando y su amiga Sarobe serán puestas a prueba por sus perjuicios y, sobre todo, sus valores. Desde las Galerías de Punta Begoña, los protagonistas recorrerán los rincones de Bilbao en busca de su felicidad. A ellos se unirán los padres de Ana Rosa, Jesús y Beatriz. Ambos serán los testigos y jueces de los secretos de sus hijos e, incluso, de los suyos propios…”

Recuerdos Góticos de Neguri surgió como mi propia biografía a caballo entre Bilbao y Getxo. Nací en la Clínica Virgen Blanca, al lado de la amatxu de Begoña, pero para la segunda semana trasladé para siempre mi residencia a Getxo. Y en esta novela está Aiboa y Fadura, las galerías de Punta Begoña… esta novela fue presentada a los premios Ramiro Pinilla de Novela Corta. Fue escrita en enero de 2020, y no pudo ganar, pero fue recogida por Europa Ediciones, a quien agradezco que hayan apostado por mi relato. Sorprende que, tras el propio Ramiro Pinilla, esta sea la única novela que tenga uno de sus pilares en esas galerías de al lado de la playa de Ereaga. Mi idea era vincular edificios y personas, pues a fin y al cabo, ambos conviven, en espacio y tiempo. Uno es indisociable del otro, y más en una zona de asentamiento, ya fuera a caballo entre los siglos XIX y XX como en el período del neolítico calcolítico, que se descubrió en el propio espacio superior a las galerías.

Como humanos somos como cebollas. Con capas. Las propias galerías son un edificio que ha sido objeto de muchas polémicas, de lo que son o dejan de ser. Sobre todo dejar de ser lo que nunca fueron, pero los sucedidos y txismes proliferaron por el pueblo. Hay que retirar las capas de piel muerta de la cebolla, para una vez llegados al núcleo, quede sólo lo que si son. Y poder construir desde ahí. Las personas son así, lo somos. Muchas cosas dicen que somos, pero ni quieren ni saben, sólo es una forma de proyectar sobre nosotros frustraciones o incapacidades. Es difícil ponerse en esa tarea, de pelar la cebolla capa a capa hasta poder mirarse en el espejo en última instancia y saberse como uno verdaderamente es. Y a partir de ahí, poder vivir. Ana Rosa, Fernando, Sarobe, personajes importantes de mi novela, bien lo saben. Como el resto de personajes que orbitan a su alrededor. Esta es la propuesta, en esencia.

Mezclar espacio y tiempo, sobre el marco de las personas y el lugar donde viven. Como la familia protagonista, que lo hace en Máximo Aguirre 18, cerca de la plaza de Santa Ana, en Las Arenas. Casi todas las casas de la zona huelen a años 70, en su arquitectura, en la nostalgia de mi juventud en los años 80, como getxotarra, pero sobresale en esa calle una serie de casas, como esta, que son de principios de los años 20. Otro tiempo, otro arquitecto, desconocido en esa faceta, eclipsado por su famoso hermano, nacido y criado en la república de Abando, antes de ser Bilbao. Puede que esa diferencia con los demás en la casa de los protagonistas permee en la relación de los conviventes en sus paredes con el resto de congéneres. Depende del lector detectarlo o no. En cualquier caso, la propuesta, de unas 123 páginas en total, una novela corta, que no sencilla, es la oferta a cualquier persona, no sólo de Getxo o de Bilbao (donde Artxanda tiene cierto peso para la novela), sino de Bizkaia, Euzkadi, Europa y el mundo mundial, de la que es capital el botxito. Espero y deseo que os guste, sea de agrado. Recibiré vuestros comentarios y críticas con gratitud. Eskerrik asko.

Cuando los carabelas cantaban aquella tonadilla recorriendo la geografía de Cantabria seguramente no pudieron imaginar la de veces que se iban a acordar en la realidad sus paisanos de los trenes o sucedáneos, una vez superada la etapa de los años 70 y 80 donde parecía un revival de los años 50 y 60 donde lo ferroviario era un estorbo para el progreso, y se sustituía por camiones o autobuses. Es curioso que desde comienzos del siglo XXI y con verde esperanza, como el Bilbao del Señor Azkuna, el tranvía desplegaba sus alas por la capital alavesa. En la enamorada del mar, capital de Cantabria, no sucedía tanto. Digamos que ha habido un vínculo sobrevenido entre Vitoria y Santander, en tiempos modernos, en cierta medida desconectada de la leyenda mítica de la hermandad de las marismas. Cuando se oculta parte de la historia … se acaba pensando en alianzas por el color político de la ciudad. Cuando Vitoria puso recogida neumática en la ciudad, los santanderinos pensaron que era buena idea, pero la dejaron para que la probasen los de la entrada del barrio que se llama como las dos reabanadas de pan que lo constriñen. No salió demasiado bien, un poco de olores por aquí, un poco de ruido por allá, hicieron, y hacen, las delicias del barrio en un experimento que no cuajó para el resto de la urbe. Pero con los autobuses si que se hicieron experimentos.

Es curioso recordar que en la ciudad donde la selección española de fútbol paró en concentración en el mundial de Brasil 2014 (tan “próxima” al campo como Las Rozas en Madrid para jugar en la cartuja de Sevilla) había un sistema que funcionaba de estos autobuses eléctricos articulados, es decir, el BEI famoso. Pero se quedaron con poco. En Santander en los días de vino y rosas, donde cualquier urbe tenía el derecho legítimo de asumir un tranvía, un metro, monorail o lo que fuera, que la pusiera en el mapa al nivel de Ogdenville o New Havensbrook, como Parla, Jaén o Moratalaz, pusieron en marcha el plan sectorial de transporte de 2007 a 2013. No sabían la que venía para la burbuja inmobiliaria y los dineros, así que en una ciudad con marismas pusieron varias líneas de metro y tranvía. Hay un vídeo en Youtube. Como eso no pudo salir, por motivos obvios, pues se fue transformando. Primero en un carril con un tranvía ligero, luego un bus especial, y luego un BEI. Con su carril propio, lanzando una conexión rápida entre Valdecilla y San Martín, cruzando el Paseo Pereda y el Frente Marítimo. Pero más allá de unos pintaos en el suelo y que el carril especial servía hasta para los monopatines, poco o nada quedó de aquella elucubración universitaria asequible de ser concebida en la mente de Blutarsky, o puede que de Nick Rivers.

Resulta enternecedor escuchar de boca de un tipo como el señor Oyarzabal, alavés, presunto mal estudiante, aunque nunca se inventó un master ni robó cremas en un Eroski, eso es verdad, de llevárselo crudo a los gestores peneuveros del BEI. Gran y maravillosa idea en un sistema de equilibrios de pluralismo institucional (Diputación, GV, Ayuntamiento), pluralismo político (nadie tiene mayoría absoluta por sí mismo), y que además, con el sistema de Concierto y Cupo, y la Ley de Aportaciones, el dinero está más que ajustado, y si hay un gran agujero, la ciudadanía lo notaría al instante. Ellos que hicieron cosas un poco menos confesables con los dineros de la Fundación Miguel Ángel Blanco o con la seguridad de sus concejales, usando esos dineros para otras cosas, no son los mejores indicados para hablar de pulcritud. Pero bueno, si el chaval, el tal Oyarzabal, habla de llevárselo crudo con el BEI en Vitoria, donde hay fehaciente evidencia del gasto, supongo que se puede tomar por perifrástica e insinuar que en Satander, donde no hay recuerdo ni evidencia física, salvo el de los gastos generados sobre el papel, si que se lo llevaron crudo. Lo cual es poco deportivo para unos compañeros de partido. Señor ex alcalde y ex ministro que nacer nació en Bilbao, pero se sentía Santanderino de Toda la Vida, o sea, un STS (luego largaban el latiguillo contra otros, desde la supuesta pureza) y la actual doña Gema Igual no debieran sino sentirse interpelados por el hecho de que a fin de cuentas ellos intentaron hacer la versión de hacendado del BEI de Vitoria. Gastando dinero, pero luego teniendo que recular, y, como todo aquel que acuda a la capital de Cantabria, sin resultado alguno. Bueno, sólo uno. Retirar banderas. La del ayuntamiento de la UE, porque no obtuvieron el premio de la capitalidad 2016. Y la de España del mastil de Puerto Chico. Porque cuesta un dineral y la pusieron en un cruce de vientos múltiples. Tranquilidad, que en los balcones persiste la bandera de España. Incluso un cartel de “Gobierno dimisión”. Ahora sólo queda pensar en a cual se refiere. Óiga, que a mi me da Igual, pero sólo por comentarlo …